| Transoxiana 6 Julio 2003 Indice |
El conflicto kurdo en Iraq II
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Actualizado al 16 de mayo de 2003.
Este trabajo fue escrito con el fin de actualizar el publicado en Transoxiana 5 sobre el mismo tema, dado el carácter trascendente y decisivo de los hechos ocurridos entre el 12 julio de 2002 (fecha hasta la que se extienden los acontecimientos descritos y explicados en el anterior trabajo) y la primera mitad de mayo de 2003. En consecuencia, todo lo expuesto en el primer trabajo se dará por sentado, y será ésa la base de la que se partirá para el desarrollo de esta segunda parte.
Cabe aclarar que si bien la guerra tiene un protagonismo insoslayable en el objeto aquí tratado, no es éste un trabajo sobre la guerra en Iraq; se tratarán aquí sólo los aspectos considerados relevantes para el conflicto kurdo en este país.
Con este fin, se examinará, en primer lugar, la posición e intereses de los actores ante la guerra. Luego se tratará la preparación de la misma, que incluirá diversos sub-temas de interés, destacándose entre ellos las relaciones entre los actores protagonistas de este conflicto. Seguidamente, una sección sobre la guerra y la inmediata "posguerra" afrontará diversos aspectos relevantes para el destino del conflicto kurdo en Iraq. Finalmente, la conclusión tendrá como objetivo realizar un análisis de los aspectos más trascendentes, intentando explicar las razones por las que los acontecimientos se desarrollaron como lo hicieron y no de otra manera. Asimismo, incluirá las infaltables perspectivas futuras.
Como se podrá apreciar, el enfoque de este trabajo es -o al menos intenta serlo- más preciso y detallado que el anterior, con el fin de que el lector tenga la oportunidad de apreciar la descripción y explicación de los asuntos aquí expuestos de la manera más vívida y esclarecedora posible.
La posición de Turquía frente al conflicto que se avecinaba era percibida como crucial, dado el papel que el territorio turco podría tener en la apertura de un frente en el norte de Iraq. Desde allí Estados Unidos podría realizar ataques aéreos -Turquía posee varias bases aéreas en su territorio- así como aprovisionar y desplegar tropas.
Sin embargo, la perspectiva de una guerra en Iraq causaba honda preocupación en Turquía, ante la posibilidad de que diera lugar a un estado kurdo independiente lindando con el sur del territorio turco, de población predominantemente kurda. Otra preocupación turca era de carácter económico -en el contexto de una seria recesión de la economía- especialmente teniendo en cuenta que la anterior Guerra del Golfo le había costado a Turquía grandes pérdidas1 que Estados Unidos había prometido compensar, promesa que este país no cumplió. Asimismo, un punto de notable relevancia para Turquía era el destino de las regiones petroleras de Kirkuk y Mosul. Los objetivos turcos eran evitar que éstas cayeran en manos kurdas y asegurar el acceso turco a esta riqueza. Evitar el control kurdo de ambas era de vital importancia, tanto porque dicho control podría dificultar el mencionado acceso, como porque esa riqueza haría más viable un estado kurdo. Es interesante señalar, en este sentido, que en las licitaciones iraquíes de 1997-98 empresas petroleras turcas habían obtenido los pozos de Kermala (Turkish petroleum Co. Inc.) y deseaban retenerlos.
El interés turco en Mosul y Kirkuk se puso de manifiesto de manera más patente en las declaraciones de sectores nacionalistas turcos que consideraban que ambas regiones habían sido indebidamente separadas de Turquía luego de la Primera Guerra Mundial -estas zonas habían sido parte del imperio otomano- y que deberían pertenecer a Turquía -en este punto vale la pena señalar que Turquía, luego del desmembramiento del Imperio Otomano, había reconocido que la región pertenecía a Iraq-. Esta nunca perdía ocasión de enfatizar que tomaría medidas ante la creación de un estado kurdo o ante un control kurdo de Kirkuk y Mosul. Estos dos puntos estaban siempre en el centro de las preocupaciones turcas, por lo que Turquía se manifestaba enfáticamente a favor de la integridad territorial de Iraq. El interés por Mosul y Kirkuk pudo apreciarse en las declaraciones de funcionarios turcos acerca de la posibilidad de examinar tratados internacionales del pasado que pudieran justificar un reclamo turco sobre estas regiones. A esto se refería el Ministro de Relaciones Exteriores, Yasar Yakis, cuando afirmó: "Si tenemos derechos...tenemos que explicar eso a la comunidad internacional y a nuestros socios y asegurar nuestros derechos. Tenemos que examinar si ha habido algo en los últimos años que haya cancelado esos derechos"2.
Por otra parte, al considerar las preocupaciones de Ankara acerca de la guerra, no debe dejar de tenerse en cuenta el papel de la opinión pública turca, que se oponía a ella en más de un 80%.
El rechazo turco de la guerra fue expresado por el Primer Ministro turco Bulent Ecevit en julio de 2002, cuando advirtió que una guerra con Iraq resultaría larga y difícil, y que Estados Unidos debía considerar otras medidas que excluyeran la acción militar. A fines de septiembre el gobierno turco sostuvo que Estados Unidos debía dar una oportunidad a aquel país, dado que el gobierno iraquí había aceptado las inspecciones de las Naciones Unidas, e instó a su vecino del sur a cumplir con las resoluciones del Consejo de Seguridad de dicho organismo. Turquía consideraba que la resolución de las Naciones Unidas acerca del desarme de Iraq3 no implicaba el derecho automático a utilizar la fuerza.
No obstante, la contracara de todo esto estaba dada por la importancia de la alianza norteamericana para Turquía y la posibilidad de obtener importantes beneficios a cambio del apoyo turco, tales como acceso a la riqueza petrolera de Kirkuk y Mosul, control de una porción de territorio iraquí, asistencia financiera para la economía turca y un rol importante en las decisiones sobre el destino de Iraq. Estas consideraciones y la presión norteamericana sobre Turquía para lograr su colaboración explican la disposición turca a negociar su apoyo a Estados Unidos -aunque con el nuevo gobierno desde noviembre, esto se dio más por parte del ejecutivo y del Consejo Nacional de Seguridad y menos por parte del parlamento, cuestión explicada más adelante-.
Al considerar la posición turca en el conflicto, cabe notar que Turquía mantenía tropas en el norte de Iraq para realizar operaciones contra KADEK (ex-PKK), es decir que ya tenía presencia militar en esta zona. En octubre Turquía afirmó que enviaría fuerzas al norte de Iraq en el caso de una oleada de refugiados. A fines de noviembre salió a la luz un plan turco para desplegar tropas en el norte iraquí, con el fin, según funcionarios turcos, de evitar una avalancha de refugiados en las fronteras turcas (tal como ocurrió en 1991). El plan para tratar con los refugiados se basaba en la idea de enviar a éstos de vuelta a su región o a terceros países, luego de ser recibidos en campamentos ubicados en su mayoría dentro de Iraq. La determinación turca de mantener a los refugiados fuera de Turquía fue criticada por organizaciones humanitarias internacionales, las que sostenían que los refugiados que escapan de un conflicto armado deben ser acogidos en países vecinos. En diciembre se supo que de realizarse un ataque por el norte de Iraq, Turquía enviaría decenas de miles de soldados con el fin de evitar el surgimiento de un estado kurdo y una oleada de refugiados. Turquía daba señales de desear aumentar sus fuerzas en la región y de planear quedarse tanto como fuera necesario, con el objeto de no ser dejada fuera de los acontecimientos en la zona y de garantizar que éstos se desarrollaran según sus intereses. Lo primero efectivamente se concretó, desde fines de 2002, aumentando el número de fuerzas turcas en la frontera con Iraq y en el norte de este país y acelerándose el proceso en febrero. En marzo Turquía envió tropas al Kurdistán del sur.
Si bien tanto el PDK como el UPK veían como más que conveniente el derrocamiento de Saddam Hussein, las consecuencias de tal empresa eran motivo de profunda preocupación. Si los kurdos iban a arriesgar la notable autonomía lograda desde 1991, debían obtener garantías, en primer lugar, de que no serían abandonados una vez más4, y en segundo lugar, de que sus intereses serían tenidos en cuenta en un orden post-Saddam. De ahí la insistencia kurda en conocer la alternativa, tal como lo expresó Barzani en julio de 2002: "A menos que estemos seguros de la alternativa, no podemos participar en una operación para cambiar el régimen."5 Asimismo, los kurdos no podían dejar de inquietarse ante la perspectiva de que Saddam Hussein utilizara armas químicas contra los kurdos nuevamente,6 ante la posibilidad de que Turquía o Irán enviaran fuerzas al norte de Iraq en caso de una guerra contra este país y ante la vulnerabilidad de la posición kurda, con escasa distancia entre las fuerzas iraquíes y las aldeas kurdas. Es de notar aquí la desventaja de los peshmergas,7 mal armados, ante las fuerzas iraquíes, ante las que no podrían haber tenido oportunidad. Así se explica la insistencia de los líderes kurdos en que Estados Unidos garantizara la seguridad kurda.
Respecto a este tema, vale la pena hacer algunos comentarios sobre el papel que jugaba el temor a las armas químicas. El compromiso norteamericano con la seguridad de los kurdos era sólo de palabra; a pesar de las reiteradas quejas kurdas, Estados Unidos no respondió a las demandas de equipos protectores contra armas químicas, con lo que la vulnerabilidad kurda era absoluta. Y es que predominaba entre los kurdos el convencimiento de que serían el primer blanco de Saddam Hussein. Un funcionario kurdo preguntaba "¿Por qué es que todos los otros aliados norteamericanos -como Israel, Kuwait, Arabia Saudita- tienen protección y nosotros, que estamos en la línea de fuego contra este dictador y que somos víctimas de sus armas de destrucción masiva, no? Se nos dice que hay un interés significativo en el tema y que hay un énfasis significativo en la seguridad del pueblo kurdo. Y lo dejan ahí"8.
La preocupación por las posibles consecuencias de una acción militar contra Iraq se hizo evidente en la declaración de Barham Salih, Primer Ministro del Gobierno Regional del Kurdistán en la zona del UPK, en el sentido de que la democracia en Iraq debía alcanzarse a través de una transición pacífica. Esto no impidió que a principios de agosto ofreciera las tropas kurdas para colaborar en un intento norteamericano de derribar el régimen de Saddam Hussein. "Estas fuerzas pueden liberar Iraq con el apoyo de Estados Unidos, con cooperación y coordinación con fuerzas norteamericanas."9 Sin embargo, a fines de octubre Talabani expresó su oposición a una invasión norteamericana a Iraq, admitiendo al mismo tiempo que la oposición iraquí necesitaría ayuda externa para derrocar el régimen de Saddam Hussein. Es de notar que a pesar de sus declaraciones anteriores a favor de un cambio pacífico, a mediados de febrero Talabani criticó la posición francesa en contra de la guerra, diciendo que al oponerse a ella, Francia no estaba teniendo en cuenta los deseos y derechos de los iraquíes. También sostuvo que Alemania había colaborado con programas iraquíes de armas químicas. En marzo Talabani afirmó que sus peshmergas estaban listos para colaborar con las fuerzas norteamericanas. Las declaraciones del UPK pueden entenderse a la luz de la necesidad de obtener garantías de protección para los intereses kurdos; de ahí el esfuerzo por condicionar la colaboración kurda con Estados Unidos en una guerra contra Bagdad, aunque dicha colaboración parece hacerse relativamente menos condicional al acercarse la guerra.
Por su parte, Barzani sostuvo a fines de julio que las promesas norteamericanas de garantías debían ser públicas. También afirmó que Estados Unidos no necesitaba la ayuda de las fuerzas kurdas, dado lo mal equipadas que estaban éstas. Asimismo, remarcó que de atacar Estados Unidos a Iraq, Washington debería proveer máscaras anti-gas a los kurdos. A fines de noviembre Barzani expresó su rechazo de la idea de una guerra en Iraq, sosteniendo que no deseaba una invasión del país; añadió que en lugar de eso Estados Unidos debía consultar a los iraquíes y los líderes kurdos. También manifestó su oposición a un gobierno provisional -esto, a diferencia de algunos líderes de la oposición en el exilio-. Asimismo, aseguró, a fines de enero, que Estados Unidos no atacaría al régimen de Bagdad desde las zonas kurdas y que los peshmergas no participarían en tal ataque -ambos puntos fueron confirmados por Talabani-. Justificó esto último diciendo que las fuerzas kurdas no irían más allá de las áreas controladas por los kurdos, dentro de las que no había blancos que atacar. Por otro lado, continuó reiterando su preferencia por medios alternativos a la guerra para lograr el cambio de régimen. Las declaraciones del PDK pueden interpretarse, al igual que en el caso del UPK, como un esfuerzo por condicionar su colaboración con Estados Unidos. Por otro lado, también albergaban un mensaje tranquilizador para Turquía, intentando convencerla de que los kurdos no eran una amenaza para ésta, dado que no irían más allá de las zonas que controlaban (lo cual implicaba que no entrarían en Kirkuk y Mosul).
Respecto a una posible intervención turca en el norte de Iraq, los dos líderes kurdos sostenían que tal intervención no sería necesaria, dado que no habría un estado kurdo independiente allí. Tampoco sería necesaria para actividades de asistencia humanitaria, algo que los kurdos podrían manejar, porque, a diferencia de 1991, tenían una administración e infraestructura para hacerlo. De manera que, según la posición kurda, no habría ninguna justificación para una intervención turca. Sin embargo, es importante notar aquí que el rechazo hacia una intervención turca era mucho más ruidoso por parte del PDK que del UPK, dado que por gobernar el PDK la zona fronteriza con Turquía, era esta agrupación la que sería más directamente afectada por una intervención turca. También deben tenerse en cuenta las malas relaciones entre ambos desde 2001. La diferencia se hace patente cuando se considera la declaración de Talabani a mediados de febrero: "No podemos luchar contra Turquía, no podemos luchar contra los Estados Unidos de América, pero diremos nuestras palabras," en tono contrastante con la advertencia de Hoshyar Zebari, consejero en asuntos internacionales de Barzani, en el mismo mes: "Nadie quiere otra lucha, por supuesto, pero si hay una incursión forzada, hecha bajo el pretexto de 'Les voy a dar asistencia forzada', entonces créanme que habrá choques descontrolados. Y será malo para la imagen de los Estados Unidos, Reino Unido y otros países que quieren ayudar a Iraq, ver a dos de sus aliados, Turquía y Kurdistán, cada uno sobre la garganta del otro." "Nadie puede esquivarnos, nadie puede ignorarnos en el largo plazo."10 Mientras que el UPK amenazaba con reaccionar a través de las palabras, el PDK amenazaba con hacerlo a través de las armas. Un miembro del PDK, Sami Abdul Rahman, afirmó que la ocupación turca era para los kurdos una amenaza mayor que Saddam Hussein. Por otra parte, a fines de febrero el parlamento regional del enclave kurdo expresó su rechazo por una posible intervención turca.
Otro punto de vital importancia desde la perspectiva kurda era evitar a toda costa que el régimen de Saddam Hussein fuera reemplazado por "otro régimen dictatorial", léase un gobierno pro-norteamericano que excluyera a los kurdos, a través de un régimen donde no hubiera lugar para la representación de intereses diversos. De ahí la frecuencia con que los líderes de ambas agrupaciones insistían en que los mismos iraquíes debían ser quienes realizaran el cambio político y que el régimen sucesor debía ser democrático y federal, dos puntos que el PDK y el UPK no perdían oportunidad de reiterar. Es bajo esta luz que se entiende lo expresado por Barzani a fines de noviembre al rechazar la posibilidad de que Estados Unidos mantuviera una presencia militar prolongada en Iraq, así como la idea de un gobierno militar (ambos puntos parte del plan estadounidense para la organización del nuevo régimen). Ambos líderes kurdos dejaron en claro que los kurdos debían tener un rol importante en el orden post-Saddam. Barzani afirmó que "los iraquíes deben gobernarse a sí mismos. No queremos ver ningún gobierno militar en Iraq, no importa si es un dictador iraquí o un gobernante militar extranjero."11 Salih, por su parte, sostuvo en octubre que "Consistentemente con nuestra identidad iraquí, tenemos que ser parte del proceso decisorio en Bagdad. Queremos ser vistos como iraquíes y tratados como iraquíes, y no aceptaremos ser ciudadanos de segunda clase."12
Respecto a Kirkuk y Mosul, el PDK y el UPK sostenían que ambas eran parte de Iraq. Consideraban Kirkuk una ciudad kurda; tal identidad era considerada innegociable. La importancia del petróleo de Kirkuk y Mosul para los kurdos quedó en evidencia cuando el vocero del parlamento regional kurdo sostuvo, en octubre, que el porcentaje de ingresos petroleros destinado a los kurdos sería por lo menos el doble en la nueva realidad política. Sostuvo que tal porcentaje estaría basado en el tamaño relativo de la población, el cual sería del 26 o 27 por ciento, "pero no menos de 25%" -los kurdos obtenían el 13% de las ventas de petróleo bajo el programa "petróleo por alimentos"-. Un comandante militar kurdo, Hamid Efendi, afirmó que sus fuerzas intentarían tomar las zonas petroleras de Kirkuk y Mosul. En febrero, en respuesta a las discusiones sostenidas en Ankara (tratadas más adelante) Salih enfatizó que Estados Unidos estaría apoyando la limpieza étnica si no se les permitía a los kurdos expulsados de Kirkuk por el régimen de Saddam Hussein regresar a esta ciudad.
Estados Unidos buscaba la colaboración turca en la guerra contra Iraq con el fin de abrir un frente norte en el asalto a Bagdad; lo que necesitaba era permiso para utilizar las bases aéreas en Turquía y para desplegar tropas en este país. Otra cuestión vital para Estados Unidos era procurar que los grupos de la oposición iraquí se unieran contra el régimen de Saddam Hussein, así como lograr la colaboración kurda en el frente norte de la guerra. Sin embargo, alcanzar todos estos objetivos exigía un difícil acto de equilibrio, dado que las exigencias de los kurdos a cambio de su apoyo tocaban la fibra más sensible de Ankara. Turquía pedía que Estados Unidos garantizara que no tendría lugar justamente aquello que los kurdos ponían como condición para su participación en la guerra -básicamente, un papel importante para los kurdos en el orden post-Saddam-. Así se entiende que Estados Unidos se abstuviera de dar a los kurdos las garantías más concretas que éstos pedían, dado que el otorgamiento de estas garantías habría alienado a Ankara. En cambio, Estados Unidos se limitaba a reiterar que daba gran importancia a los intereses kurdos, pero el compromiso norteamericano se quedaba en declaraciones vagas y generales. Al mismo tiempo, la administración norteamericana procuraba acercar a las dos agrupaciones kurdas y a Turquía, dado que necesitaba a ambos colaborando del mismo lado. Respecto a la vaguedad del compromiso norteamericano con los kurdos es ilustrativa la declaración de Barzani a fines de noviembre: "Lo que me preocupa es la falta de transparencia y detalles -específicamente, sobre la formación del nuevo gobierno. Los Estados Unidos deberían respetar la voluntad y el deseo del pueblo iraquí para decidir sobre la fórmula del nuevo gobierno."13.
La clave de este asunto yace en los siguientes aspectos: el potencial económico de Iraq, su importancia en el ámbito regional y el tipo de régimen que lo gobernaba. Es necesario comprender que Iraq es un país clave en la región, en el sentido de que una potencia no puede prescindir de él si es que desea una sólida hegemonía regional. Asimismo, se destaca el potencial económico del país, y no sólo por su riqueza petrolera, sino por las oportunidades de inversión y negocios que podría ofrecer un régimen dispuesto a abrir su economía y a ceder a los intereses económicos occidentales. En este cuadro también tienen una importancia de primer orden las tentadoras reservas petroleras iraquíes14. Todas estas oportunidades le eran negadas a Estados Unidos por un régimen que, a diferencia de muchos en el Tercer Mundo, era poco susceptible a la influencia de una potencia que parecía cada vez más deseosa de convertir la mayor parte del planeta en algo lo más parecido posible a su patio trasero. En un mundo gobernado por una economía cada vez más ferozmente competitiva, la administración Bush no pudo resignarse a que se le negaran todas las ventajas de un régimen pro-norteamericano en Iraq, en una coyuntura de la economía internacional donde cada ventaja cuenta. No debe interpretarse, empero, que las motivaciones de Estados Unidos fueron sólo económicas, a pesar de la innegable importancia de este factor. Y es que no puede separarse, en este caso, el poder económico del poder político. Estados Unidos buscaba ambos en Iraq, a través de la instalación de un régimen pro-norteamericano. El poder económico y político así logrados darían a la potencia estadounidense, se esperaba, una posición inmejorable no sólo para hacer grandes negocios, sino también para fortalecer su posición en la región.
Es de destacar, como en cualquier otro asunto político, la diferencia entre las motivaciones auténticas de las acciones de un actor (sus intereses) y la justificación que éste da de ellas, en procura de legitimidad ante otros actores relevantes y ante la opinión pública internacional. Ya se ha examinado el punto relativo a las motivaciones. Veamos ahora, brevemente, el referente a la justificación que Estados Unidos daba de su determinación a derrocar el régimen iraquí.
Estados Unidos iba a la guerra, porque, según no se cansaba de reiterar la administración norteamericana, el régimen iraquí poseía armas de destrucción masiva y era un peligro para sus vecinos; se trataba de un régimen dictatorial "malvado" que atentaba contra la población iraquí, violaba los derechos humanos y constituía una amenaza permanente. De ahí que la potencia que velaba por la democracia y la libertad en el mundo, tenía, prácticamente, la obligación de "liberar" a la población iraquí del monstruoso régimen que la tenía sometida, instalando en su lugar una democracia y, con ella, la libertad para todos los iraquíes.
Examinaremos brevemente estos puntos, contrastándolos con hechos bien conocidos. En primer lugar, el punto relativo a las armas de destrucción masiva. No se negará ni se afirmará aquí que Iraq tuviera este tipo de armas, pero el discurso estadounidense pierde seriedad cuando se considera que hay numerosos informes de que otros países también las tienen, sin que sean por ello víctimas de ningún reproche. Es ya casi un lugar común poner como ejemplo a Israel -aliado norteamericano de primer orden-, país mucho más "amenazador" desde el punto de vista de la cantidad y calidad de sus armas.15 También es necesario considerar aquí que Estados Unidos vendió armas químicas a Iraq durante los años ochenta, y no se inmutó cuando el mismo Saddam Hussein, que ahora era "el chico malo", utilizaba estas armas (contra los iraníes) casi a diario.16 Esto, por no mencionar el hecho de que Estados Unidos mismo tiene esta clase de armas -se cree que tiene las segundas reservas de armas químicas más grandes del mundo-17 algo que fue notado incluso por el jefe del partido en el gobierno turco, Recep Tayyip Erdogan.18 En segundo lugar, el punto acerca del carácter "malvado" del régimen iraquí. No hay duda de que dicho régimen era realmente siniestro para los iraquíes, especialmente para las minorías y opositores, como tampoco hay duda acerca de la forma horrorizante en que se violaban los derechos humanos bajo el régimen de Saddam Hussein. Sin embargo, basta echar una mirada a la guerra turca contra los kurdos turcos (finalizada en 1999) para encontrar asesinatos, desapariciones, tortura, persecución política, censura, proscripción de partidos políticos y una acción militar sin cuartel que no reconocía ningún escrúpulo19.
Claro que las atrocidades cometidas por el estado turco durante años no han recibido la misma publicidad, dado que Turquía es un aliado de Estados Unidos. Sin embargo, el hecho más llamativo en este punto está dado por la alianza de Estados Unidos con el mismo Saddam Hussein durante los años ochenta, cuando este país apoyaba a Iraq contra Irán en la guerra entre ambos. No sólo Estados Unidos armó y apoyó al "malvado" Saddam Hussein, sino que cerró sus ojos cuando éste utilizó armas químicas contra los kurdos iraquíes, provocando la famosa masacre de Halabja de 1988. Es de notar que, sobre esta masacre que no recibió el reproche estadounidense en aquel momento, el Secretario de Estado norteamericano Colin Powell sostuvo, ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en febrero de 2003, que "El uso por parte de Saddam Hussein de gas mostaza y nervioso contra los kurdos en 1988 fue una de las atrocidades más horribles del siglo XX; cinco mil hombres, mujeres y niños murieron. Su campaña contra los kurdos desde 1987 hasta 1989 incluía ejecuciones sumarias en masa, desapariciones, encarcelamiento arbitrario, limpieza étnica y la destrucción de unas dos mil aldeas."20 Sin embargo, fue sólo cuando Iraq dejó de ser un aliado que Estados Unidos decidió "proteger" a los kurdos, y era sólo ahora cuando el episodio de Halabja era presentado como atroz. En tercer lugar, el punto referente a la intención de liberar a Iraq de una dictadura e instalar en su lugar una democracia. La instalación unilateral y por la fuerza de un gobierno norteamericano en un país soberano, la elección "a dedo" de los miembros de la oposición iraquí que podrían llegar a tener alguna cuota de poder, la determinación estadounidense de decidir de manera prácticamente unilateral el destino político y económico de un país independiente y su apoyo a ex-oficiales iraquíes acusados de violaciones a los derechos humanos, muestran la ausencia de cualquier intención democrática por parte de Estados Unidos.
El objetivo de esta exposición es clarificar un punto que, aunque obvio, es dejado de lado con frecuencia. Me refiero aquí a la necesaria diferenciación entre el discurso y los hechos; son los hechos los que nos muestran dónde están las auténticas motivaciones de los actores. Y en nuestro caso la conclusión es que las motivaciones norteamericanas no tuvieron nada que ver con la democracia, los derechos humanos o la libertad; estos valores fueron utilizados para intentar ganar legitimidad ante la comunidad internacional.
El interés primordial de Irán era evitar el surgimiento de un estado kurdo en Iraq que pudiera alentar a su propia minoría kurda, y veía con preocupación una posible extensión de la presencia turca hacia el sur. Irán declaró que se oponía a una guerra contra Iraq y que no participaría en tal acción militar, como tampoco intentaría beneficiarse de ella. La posición oficial iraní rechazaba la posibilidad de una guerra y afirmaba la importancia de la integridad territorial y unidad de su vecino. No obstante, a pesar de su posición oficial, Irán daba apoyo de facto a la oposición iraquí, evidente en las reuniones de opositores iraquíes realizadas en territorio iraní.
El Frente Turcomano Iraquí es la agrupación de esta minoría que cuenta con el favor turco y es utilizado por Turquía como medio para intervenir en el norte de Iraq. Ya se ha hablado del FTI y de sus relaciones con el PDK en el trabajo anterior, por lo que no se reiterarán aquí esos puntos. Este apartado examinará la posición del FTI y de la comunidad turcomana ante la guerra. Pero antes de entrar en esta cuestión, queda un último punto que mencionar. Se trata del uso que Turquía hacía de la existencia de una población turcomana en las áreas de Kirkuk y Mosul. Turquía alegaba que su exigencia de que ninguna de las dos ciudades cayera en manos kurdas se debía a su deseo de proteger a los turcomanos.
En cuanto al FTI, éste reclamaba para los turcomanos los mismos derechos que los demás grupos étnicos en el norte de Iraq y se manifestaba abiertamente hostil al PDK, acusando a esta agrupación de buscar el monopolio del poder en dicha región. Se expresaba a favor de la integridad territorial iraquí y en contra de la autonomía o un status diferente para cualquier grupo étnico. Favorecía un régimen democrático, pluralista y parlamentario para Iraq. Rechazaba la inclusión de las regiones turcomanas en la federación kurda, así como la idea kurda de una federación para Iraq. Recalcaba la importancia del rol de Turquía en la región, favoreciendo la intervención turca en la misma y en una operación en Iraq, manteniendo que Turquía debía colaborar con la estabilización de este país. Apoyaba una posible reacción turca en caso del surgimiento de un estado kurdo y afirmaba que Kirkuk era una ciudad turcomana. En diciembre el FTI manifestó que en el caso de una operación militar contra Iraq, soldados turcos debían participar en ella, dado que de otra forma no estaría garantizada la seguridad de los turcomanos. En febrero, el líder del FTI, Sanan Ahmet Aga, advirtió a los kurdos en contra de provocar a los turcomanos, ya que en este caso el FTI podría solicitar la ayuda de otros países. También afirmó que de realizarse un ataque contra Iraq, sería natural que los soldados turcos entraran en la zona.
Es notable el contraste entre esta posición y la de los habitantes turcomanos en el enclave kurdo. Estos se oponían a una intervención turca en caso de guerra, preocupados por la posibilidad de ser culpados por los kurdos de colaborar con los turcos. Tampoco creían que las preocupaciones turcas por Mosul y Kirkuk se debieran a un interés en proteger a los turcomanos. Un habitante turcomano de Arbil decía en marzo: "Los turcomanos no se sienten turcos en absoluto, y no tienen interés en ver la llegada de soldados turcos. Pero al mismo tiempo se preocupan porque los kurdos los culpen por la llegada de las tropas turcas y los coloquen en una situación imposible."21 Vale la pena notar que una manifestación realizada a principios de marzo en Arbil contra una posible intervención turca incluía no sólo kurdos sino también turcomanos.
Compuesto por militares de rango medio a alto que desertaron del ejército iraquí.
Constituido por oficiales iraquíes exiliados.
Mencionado en el trabajo anterior. Formado por grupos de oposición y liderado por un banquero shiíta con residencia en Londres, Ahmed Chalabi,22 con amplio apoyo en Estados Unidos y muy poco dentro de Iraq.
Formado por el PDK, el UPK, el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq (CSRII) y el Acuerdo Nacional Iraquí. CSRII: constituido principalmente por musulmanes shiítas (el Islam se divide en dos grandes ramas: el Islam sunita y el Islam shiíta) y apoyado por Irán, donde tiene sus bases. Se negaba a recibir ayuda financiera estadounidense. Acuerdo Nacional Iraquí: constituido principalmente por ex?oficiales del ejército y funcionarios del partido Baas de Saddam Hussein (árabes sunitas).
Tenía como objetivo restaurar el reino Hachemita.
Los partidos mencionados en los tres últimos puntos constituían los seis grupos elegidos por Estados Unidos como base para la organización de la oposición iraquí con miras al derrocamiento del régimen de Saddam Hussein.
Los esfuerzos de la administración norteamericana para unir a la oposición en pos del derrocamiento del régimen iraquí continuaron a través de reuniones entre grupos iraquíes y funcionarios norteamericanos. Se mantuvieron también las exigencias kurdas de que se garantizara la formación de una federación iraquí luego de la caída de Saddam Hussein, con Kirkuk como la capital de la región autónoma kurda. Estas exigencias chocaban con la preocupación turca acerca del destino de la región kurda y de la ciudad de Kirkuk. Por este motivo, Estados Unidos se vio obligado a prometer a Turquía que Iraq permanecería unido. Tal promesa también debió hacerse a países árabes, que veían con preocupación la desintegración del país -esto, ante el temor de que el sur shiíta de Iraq fuera captado por Irán-.
A principios de agosto tuvo lugar en Washington una reunión de los seis grupos de la oposición elegidos por Estados Unidos y funcionarios estadounidenses, con el objeto de impulsar la organización de la oposición, de mostrar unidad al interior de la administración estadounidense y de demostrar a los aliados norteamericanos que Estados Unidos había formado una oposición capaz de formar parte de un régimen democrático creíble. Los temas tratados fueron la guerra contra Iraq y los planes para reemplazar el régimen iraquí, siendo la prioridad de los grupos iraquíes la obtención de garantías norteamericanas de protección. La reunión era vista por la administración como un encuentro introductorio, que luego daría lugar a una conferencia más amplia. Estados Unidos prometió proteger a los kurdos en el norte de Iraq, pero no hizo la misma promesa a los shiítas del sur. Los grupos de la oposición acordaron trabajar para derrocar el régimen de Saddam Hussein y pidieron protección para todos los iraquíes en el caso de una represalia de Bagdad. Se declararon a favor de un Iraq federal y democrático, así como de la integridad del país. Asimismo, acordaron convocar una conferencia que incluyera a todos los grupos de la oposición iraquí. Por otra parte, se trató la posibilidad de llevar a cabo una conferencia en territorio del UPK, idea con la que no todos los grupos se mostraron de acuerdo. Los líderes de las dos agrupaciones kurdas condicionaron la realización de la conferencia a que Estados Unidos garantizara la seguridad de los participantes. Es de destacar que la oferta de las agrupaciones kurdas de poner sus tropas a disposición de Estados Unidos no recibió respuesta por parte de éste.
Los grupos que asistieron fueron el UPK, el PDK, el Congreso Nacional Iraquí, el Movimiento Monárquico Constitucional, el Acuerdo Nacional Iraquí y el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq. Los líderes de este último viajaron desde Irán, lo que puede interpretarse como un discreto apoyo de este país al derrocamiento del régimen de Saddam Hussein. Turquía protestó por el hecho de que no se hubiera invitado a los turcomanos a la conferencia. Barzani no se presentó; Hoshyar Zebari asistió en su lugar.
A principios de septiembre tuvieron lugar en Inglaterra conversaciones entre 25 grupos de oposición, auspiciadas por Estados Unidos, que tenían el objetivo de lograr un acuerdo sobre un gobierno post-Saddam, objetivo que no se alcanzó. A fines del mismo mes tuvo lugar una reunión de grupos de la oposición en Nevsehir, en el sur de Turquía, que contó con la presencia de un diplomático norteamericano, así como de representantes de Rusia, Alemania y Japón.
En el mes de octubre se realizaron reuniones en Londres y en Canadá. En la segunda Chalabi calificó de "inaceptable" la idea de una federación sobre la base de criterios étnicos y afirmó que Kirkuk pertenecía a todos los iraquíes, descartando así las pretensiones kurdas sobre esta ciudad. A fines del mismo mes representantes de los grupos de la oposición iraquí se reunieron en Teherán, en el contexto de la preparación de una conferencia a tener lugar en Bruselas en noviembre.
Las discrepancias entre dichos grupos quedaron en evidencia a raíz de la preparación de la mencionada conferencia, con el fin de elegir un comité sobre cuya base se podría formar un gobierno interino en Iraq. El punto de disputa era la asignación de los asientos, con el CNI y el movimiento monárquico (es decir, grupos conformados principalmente por exiliados) enfrentándose a las dos agrupaciones kurdas y el CSRII (grupos con base de poder étnica o religiosa). El CNI acusaba al "grupo de los cuatro" de desear el control y reclamaba más representación para los "demócratas e independientes", apelando a Estados Unidos para que interviniera con el fin de corregir el "desequilibrio". El UPK minimizó la disputa, afirmando que ya había un acuerdo acerca de ese tema y que quien no quisiera participar era libre de no hacerlo. La fecha original de la conferencia era en septiembre, que luego fue pospuesta para el 22 de noviembre, fecha en que tampoco pudo concretarse dado que no se había alcanzado un acuerdo sobre esta cuestión. El CNI se negaba a aceptar que los delegados kurdos e islámicos fueran mayoría. Los opositores de Chalabi argüían que eran ellos quienes debían decidir el futuro de Iraq, porque eran ellos quienes tenían tropas en el terreno. Otra dificultad era el desacuerdo entre los distintos grupos acerca de si se debía o no crear un órgano de transición en Iraq, y en el caso de que se hiciera tal cosa, qué facultades tendría y quién lo conduciría. Las posiciones se dividían entre quienes preferían que la conferencia fuera una muestra de unidad y quienes propugnaban la toma de medidas para la realización de elecciones como objetivo de la conferencia. Chalabi, que parecía a toda costa desear el poder valiéndose de su aliado norteamericano, estaba entre quienes impulsaban esta última alternativa. La preparación de la conferencia puso en evidencia no sólo las divisiones y desacuerdos entre los grupos de oposición, sino, de manera muy clara, la puja entre éstos por asegurarse la mayor tajada de poder posible en el nuevo orden iraquí, a costa de los demás grupos.23
La conferencia no pudo realizarse en Bruselas, debido a que Bélgica consideró inapropiada la realización en su suelo de una conferencia que buscaba el cambio de régimen en Iraq, en un momento en que las inspecciones de las Naciones Unidas en ese país tenían el objetivo de desarmarlo sin necesidad de tal cambio.
Un aspecto a destacar de la conferencia son los principios establecidos por la administración norteamericana como base para la organización del Iraq post-Saddam. Washington dejaba en claro que Estados Unidos desaprobaba la creación de un gobierno provisional o de una asamblea nacional en ese momento. En cambio, se podría crear un comité asesor que funcionaría como enlace con la administración estadounidense. El nuevo régimen iraquí debería cumplir con todas las resoluciones del Consejo de las Naciones Unidas de manera incondicional. Iraq sería ocupado militarmente por tres o cuatro meses, luego de los cuales, con el país estabilizado, se realizaría un censo y se establecería un gobierno de transición durante dos años. Recién entonces se realizarían elecciones. Por otra parte, se crearía un ejército voluntario, se eliminarían las cortes militares, se investigaría a Saddam Hussein y a su círculo por crímenes de guerra y se establecería una comisión de la verdad y la reconciliación. Los kurdos deseaban que se hiciera hincapié en el establecimiento de una democracia federal, dentro de la que tendrían una autonomía limitada.
La realización de la conferencia fue trasladada a Londres y pospuesta para mediados de diciembre. Con razón de su preparación tuvo lugar en dicho mes, en Teherán, una serie de encuentros entre líderes de la oposición iraquí. Estaban presentes en esa ciudad Barzani, Talabani, Chalabi y el líder del CSRII, Baqer al-Hakim. Los encuentros tuvieron lugar entre Barzani y Chalabi, el primero y Hakim, y entre éste y Chalabi. El líder del CNI mantuvo que Irán "ha apoyado consistentemente la causa de liberar a Iraq. Irán apoya la liberación de Iraq."24 Fueron invitados para asistir a la conferencia los vecinos de Iraq, incluyendo Irán, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la UE.
Finalmente, la conferencia se realizó en Londres a mediados de diciembre. Cabe destacar la declaración de un representante del CSRII, afirmando que el futuro gobierno de Iraq debía mantener el petróleo libre de la dominación extranjera. Se acordaron algunos principios para el nuevo orden político iraquí. El nuevo gobierno debería ser democrático, pluralista y federal; el Islam debería ser la religión del estado; se rechazaría cualquier tipo de ocupación de Iraq luego del derrocamiento de Saddam Hussein; a Iraq se le debería permitir producir tanto petróleo como pudiera; los kurdos que hubieran sido expulsados de sus hogares deberían poder regresar a sus ciudades y aldeas; se reconocía que los musulmanes shiítas habían sido víctimas de discriminación y marginados del sistema político y social. Se formó un Comité de Coordinación y Seguimiento de 65 miembros, conducido por un secretariado de los seis grupos de oposición preferidos por Estados Unidos, aunque por el momento no se nombraría un Secretario General. El comité fue dividido según criterios étnicos y religiosos, en contra de quienes propugnaban una división secular, asignando la tercera parte de los asientos a los shiítas. Asimismo, se acordó que el comité se reuniría en el enclave kurdo el 15 de enero de 2003. La base del comité estaría en el enclave kurdo, -en "la parte liberada de Iraq"-. La elección del enclave como lugar de reunión puede verse como destinada a contrarrestar la crítica en el sentido de que los exiliados iraquíes no representaban al pueblo iraquí. Algunos grupos se negaron a asistir a la conferencia, aseverando que el objetivo real de ésta era imponer un régimen títere de Estados Unidos con el fin de controlar el petróleo iraquí. Este país, por su parte, acusó a Irán de intentar influenciar el resultado. Cinco grupos shiítas se retiraron de la conferencia acusando al CSRII de buscar el control de la representación shiíta. Por otro lado, las diferencias en la oposición se hicieron presentes también con relación al papel del comité. El CNI deseaba que funcionara como un gobierno en el exilio, idea a la que se oponían los kurdos y el CSRII.
Es importante destacar, como ya se habrá advertido, que la gran línea de división dentro de la oposición iraquí estaba dada por las diferencias entre los grupos formados por exiliados, por una parte, y aquellos con base y actividad en Iraq (kurdos y shiítas), por otra. Los primeros dependían de subsidios extranjeros y eran vistos como carentes de apoyo dentro de Iraq. Prácticamente el único punto de acuerdo absoluto entre ambos era la necesidad de un cambio de régimen y de la instalación de una democracia.
La reunión del comité fue pospuesta para febrero, debido, según se alegó, a que Estados Unidos no podía garantizar la seguridad de los participantes. Sin embargo, algunas versiones sostenían que la verdadera razón de la demora era la falta de acuerdo entre Estados Unidos y la oposición iraquí sobre el rol de ésta en el orden post-Saddam.
A principios de febrero se llevaron a cabo en Ankara conversaciones entre Talabani, Nechirvan Barzani (sobrino de Masoud Barzani y Primer Ministro del Gobierno Regional del Kurdistán del PDK) Zalmay Khalilzad (enviado especial norteamericano para la oposición iraquí) y funcionarios turcos. También fue invitado a asistir el presidente del FTI, Sanan Ahmet Aga. Se discutió un acuerdo que permitiría a Turquía ocupar parte del norte de Iraq en caso de guerra, propuesta rechazada por los kurdos, a quienes Estados Unidos procuraba convencer de aceptar la idea. Las fuerzas turcas no podrían extenderse más allá de una zona fronteriza en el norte de Iraq. Turquía aseguró que el objetivo de su intervención era manejar el problema de los refugiados y una posible crisis humanitaria, pero que no incluía tomar Kirkuk y Mosul. El plan discutido preveía que kurdos y turcos dejaran éstas a las fuerzas norteamericanas. Por su parte, Aga reclamó una zona autónoma para los turcomanos. A pesar de que los kurdos rechazaban la perspectiva de una intervención turca, eran incapaces de oponerse efectivamente. A mediados de febrero Farhad Barzani, representante para Estados Unidos del PDK, enfatizó que las tropas norteamericanas serían vistas como liberadoras, pero las turcas como invasoras.
A fines de febrero tuvieron lugar en la ciudad fronteriza turca de Seloubi conversaciones entre representantes del PDK, el UPK, Turquía, Estados Unidos y el FTI, con el fin de discutir la colaboración entre las partes antes y después de la guerra con Iraq. Posteriormente a este encuentro, también a fines de febrero, representantes de grupos de la oposición y el enviado norteamericano Zalmay Khalilzad se reunieron en Salahuddin, en el enclave kurdo, en la reunión del Comité de Coordinación y de Seguimiento, encuentro que había sido pospuesto en dos ocasiones, por las razones mencionadas más arriba. El Movimiento Constitucional Monárquico y el Acuerdo Nacional Iraquí no asistieron. Fueron invitados, además, funcionarios de Rusia, Irán, Turquía, y otros países de la región. Khalilzad manifestó el compromiso norteamericano con la democracia en Iraq y dijo que la presencia militar norteamericana no duraría más de lo necesario. También intentó aliviar las preocupaciones entre la oposición iraquí acerca de la permanencia en la burocracia de elementos del partido Baas (el partido de Saddam Hussein), dada la intención estadounidense de conservar la infraestructura burocrática. Sostuvo, al respecto, que tales elementos serían removidos. Chalabi declaró, en lo que puede interpretarse como un intento de contrarrestar su imagen de "protegido" norteamericano: "Somos sus amigos, pero no sus agentes."25 Sin embargo, también sostuvo que el problema de una intervención turca estaba siendo exagerado. Talabani aseguró que los kurdos no buscarían establecer un estado independiente. Zebari advirtió que habría "serias consecuencias" si Turquía ocupaba parte de Iraq y que toda la oposición iraquí estaba unida en su rechazo de cualquier intervención. En una conferencia de prensa, Barzani reiteró la oposición kurda a la intervención turca o de cualquier otro país de la región, dado que tal intervención tendría "consecuencias desfavorables" y aseguró que el PDK podía dar garantías de seguridad a los vecinos de Iraq. Khalilzad mantuvo que las fuerzas turcas intervendrían sólo como parte de una coalición y que se retirarían junto con ésta.
Si bien las conversaciones en el enclave kurdo entre los grupos de oposición y Estados Unidos tenían como objetivos mostrar un frente unido, formar un consejo de liderazgo y tomar decisiones acerca del nuevo régimen iraquí, en la práctica fueron empañadas por las negociaciones que estaban teniendo lugar entre Turquía y Estados Unidos (tratadas más adelante). Y es que dos preocupaciones dominaban el ánimo de la oposición iraquí: los informes que circulaban sobre planes norteamericanos para instalar un gobernador norteamericano en Iraq, reduciendo así el papel de la oposición, y los planes para el envío de decenas de miles de tropas turcas a la región. Se decidió enviar representantes de la oposición iraquí a Ankara en un esfuerzo por disuadir a Turquía de intervenir en el norte de Iraq. También se decidió establecer un consejo de liderazgo de seis miembros que podría funcionar como la base de un gobierno de transición, así como 14 comités para temas específicos.
A principios de marzo Chalabi visitó Ankara con el fin de mejorar las relaciones turcas con la oposición iraquí. Afirmó que las fuerzas turcas no debían entrar en Iraq si no era para combatir contra el régimen de Saddam Hussein y que de no ser éste el caso, no podía entenderse la razón de una intervención. Chalabi invitó a Turquía a participar en encuentros de la oposición iraquí. En el mismo mes tuvieron lugar en Ankara conversaciones entre Talabani, Nechirvan Barzani, funcionarios turcos y norteamericanos, así como representantes de otros grupos iraquíes. Los objetivos eran discutir el futuro de Iraq y aliviar las tensiones entre kurdos y turcos. Luego de las conversaciones Khalilzad sostuvo que Estados Unidos se responsabilizaría por "todos los movimientos" en Kirkuk y Mosul y aseguró que la oposición iraquí estaba dispuesta a trabajar contra Bagdad bajo el comando de la coalición. Talabani y Zebari afirmaron que no se opondrían a la entrada de tropas norteamericanas en el Kurdistán iraquí, pero sí a las turcas.
En el trabajo anterior se trató el punto acerca de las diferencias dentro de la administración norteamericana acerca de qué grupo de la oposición iraquí apoyar. Las discrepancias continuaron, incluso sobre la necesidad misma de abandonar la política de contención aplicada sobre Iraq desde 1991 -sanciones económicas, zonas de exclusión aérea y mantenimiento de personal militar cerca de las fronteras iraquíes-. Algunos oficiales militares y funcionarios superiores del Departamento de Estado y la CIA opinaban que esta política había sido efectiva y que no valía la pena correr los riesgos de una campaña militar contra Iraq, entre ellos la partición del país y la creación de regímenes anti-norteamericanos (en referencia a un estado shiíta en el sur de Iraq). Según este punto de vista, dicha política había evitado que Saddam Hussein modernizara su equipo militar y apoyara a organizaciones terroristas. Esta visión era la opuesta a la sostenida por miembros de la Casa Blanca y el Pentágono, quienes afirmaban que Saddam Hussein estaba comportándose de manera agresiva, procuraba la obtención de armas de destrucción masiva e intimidaba a sus vecinos.
A fines de septiembre la administración norteamericana decidió poner a la consideración del Congreso el entrenamiento de 10 mil tropas de la oposición iraquí, financiado con los 92 millones de dólares que no habían sido utilizados aún como parte de los 97 millones otorgados por la Ley de Liberación de Iraq de 1998. En octubre Bush firmó una Directiva de Decisión Presidencial que añadía seis grupos de la oposición -incluyendo el FTI- a los siete destinatarios de ayuda financiera y entrenamiento militar según la mencionada ley.26
Respecto a la realidad post-Saddam, un plan estadounidense dado a conocer en octubre preveía instaurar un gobierno bajo un militar norteamericano, que duraría uno o más años, excluyendo de esta manera a los grupos de oposición. El plan contemplaba una administración civil luego del gobierno militar norteamericano, que sería seguida de un gobierno multiétnico representativo. Un consejo consultivo formado por iraquíes asistiría al militar estadounidense. Se mantendría la infraestructura burocrática existente. Las ocupaciones de Japón y Alemania al finalizar la Segunda Guerra Mundial se tomaban como modelo para estos planes. Se hablaba ya de un candidato para encabezar dicho gobierno: el general Tommy R. Franks, comandante de las fuerzas norteamericanas en el Golfo Pérsico. Las razones que funcionarios estadounidenses daban para este plan se referían a la necesidad de evitar el caos y de controlar el país mientras Estados Unidos buscaba y destruía armas de destrucción masiva. El plan también incluía juicios por crímenes de guerra cometidos por los líderes iraquíes y la reducción de las Fuerzas Armadas de Iraq.
A fines de septiembre un comité conjunto del UPK y del PDK reformó el borrador de constitución27 para una federación iraquí. También tomó forma una constitución para la zona kurda autónoma. La constitución para Iraq fue duramente criticada por Ecevit a principios de octubre, considerándola "inaceptable".
La misma distinguía una región árabe y una kurda y contemplaba un régimen federal, democrático, parlamentario y republicano. Bagdad debería comprometerse con las Naciones Unidas en cuanto al mantenimiento de las fronteras de las dos regiones. Se establecía que de ser el presidente árabe, el vice-presidente debería ser kurdo, y viceversa. Las disputas entre autoridades locales y federales se zanjarían a través de una corte constitucional. La constitución para la región kurda incluía las provincias de Arbil, Dohuk y Suleimaniya, además de Kirkuk, capital de la región kurda. Preveía la existencia de una bandera, órganos legislativo y ejecutivo propios, así como un presidente elegido por voto popular y un gabinete. También se establecía la existencia de fuerzas de defensa propias sobre la base de los peshmergas. La constitución incluía la libertad de expresión y asociación, así como el respeto de los derechos de los demás grupos étnicos. Por otra parte, los kurdos recibirían una proporción de los ingresos petroleros iraquíes según el porcentaje de población kurda sobre el total iraquí. Las facultades en manos de Bagdad incluían asuntos exteriores, defensa, política económica e inversión en el sector petrolero.
Los borradores fueron discutidos por representantes de 35 partidos kurdos iraquíes en el norte de Iraq a fines de octubre, con el fin de presentarlos posteriormente al parlamento kurdo (del que se hablará más adelante) y de proponerlos a los demás grupos de la oposición iraquí.
En noviembre el parlamento kurdo estableció un comité a cargo de la preparación de elecciones legislativas a realizarse a más tardar en julio de 2003 y de la realización de un censo en el Kurdistán iraquí. El comité estaba formado por representantes de las dos agrupaciones kurdas y de asirios cristianos.
En este apartado se examinará de cerca la evolución de las relaciones entre los actores, con el objeto de ilustrar cómo sus intereses y la preparación de la guerra incidían en ellas.
La evolución de las relaciones entre los actores de este conflicto refleja sus respectivas preocupaciones, desarrolladas más arriba. Turquía solía insistir en su determinación de no permitir que un estado kurdo surgiera como resultado de una guerra, al tiempo que utilizaba el paso de Habur como medio de presión sobre el PDK, obstaculizando el tránsito a través de él. Las relaciones entre el PDK y Turquía pasaban por un momento particularmente bajo, en parte debido al desacuerdo acerca del papel de los turcomanos y de Kirkuk y en parte debido a la preocupación turca sobre la formación de un estado kurdo, dirección en la que Turquía interpretaba que se dirigían las acciones del PDK. El UPK y el PDK no perdían ocasión de reiterar su compromiso con la integridad territorial iraquí; su demanda de que Turquía no interviniera militarmente en la región; su reclamo de garantías de seguridad para los kurdos; la necesidad de que el nuevo régimen iraquí fuera democrático y federal, así como su compromiso con la igualdad de derechos para los turcomanos. El objetivo de todo esto era aplacar los temores turcos, iraníes y sirios; obtener un compromiso serio de Estados Unidos y advertir que no estarían dispuestos a aceptar la imposición de un gobierno dictatorial pro-norteamericano. Por otra parte, las discrepancias entre el PDK y Turquía contrariaban los esfuerzos estadounidenses en pos de la guerra contra Iraq, dado que ambos jugarían un papel importante en esta empresa. De ahí el deseo norteamericano de acercar a las dos partes, como pudo observarse a principios de septiembre, cuando Estados Unidos alentó a la oposición iraquí a acercarse más a Turquía y a tener en cuenta los derechos de los turcomanos. El objetivo de Washington de asegurarse tanto la colaboración kurda como la turca condujo a Estados Unidos a intentar un difícil acto de equilibrio, garantizando a Ankara la preservación de los intereses turcos y al mismo tiempo dando garantías vagas a los kurdos. La dificultad estribaba en que las condiciones exigidas por una parte violaban las condiciones exigidas por la otra.
Antes de comenzar a tratar la relación entre estos dos actores, vale la pena hacer referencia a la importancia que para Estados Unidos tenía su alianza con Turquía. En el trabajo anterior se mencionó que este país era un aliado clave para Washington debido a su situación estratégica entre Medio Oriente y Europa, así como por su pertenencia a la OTAN. Aquí se añadirán algunos datos interesantes respecto a dicha alianza. Debe tenerse en cuenta que, desde la revolución "occidentalizante" de Mustafa Kemal (nombrado en 1934 "Ataturk", "padre de los turcos") el estado turco ha hecho todo a su alcance por integrarse a Occidente, negando e incluso renegando de cualquier identidad islámica o asiática. Esto, a pesar de que la mayor parte del territorio turco se encuentra en Asia y que la mayoría de la población turca es musulmana.
En cuanto al sistema político, escapa al alcance de este trabajo hacer una descripción completa del mismo, pero baste decir que las Fuerzas Armadas son un actor clave en la toma de decisiones políticas, a través del Consejo Nacional de Seguridad.28 Esto, junto con las notorias violaciones de los derechos humanos cometidas por el estado turco en su lucha contra el PKK, pueden dar una idea somera, pero clara, de lo lejos que Turquía se encuentra de ser un modelo de democracia. Sin embargo, haciendo caso omiso del "lado oscuro" del régimen turco, Estados Unidos ponía a Turquía, único miembro musulmán de la OTAN, como ejemplo de un país mayormente musulmán pero secular, occidental y democrático. Este punto es relevante si se tiene en cuenta la importancia que para Estados Unidos tiene su posición en Medio Oriente y su afán de instalar en esta región regímenes "democráticos", léase pro-norteamericanos. En este cuadro vale la pena también tener en cuenta las sólidas relaciones entre Israel (otro aliado norteamericano clave) y Turquía. Por su parte, Turquía obtenía de Estados Unidos importante apoyo financiero, una silenciosa luz verde para reprimir a sus kurdos y un aliado en su intento de ingresar a la UE. Esta introducción facilitará al lector, se espera, comprender el contexto de la crisis en las relaciones entre Turquía y Estados Unidos y por qué era importante para ambos conservar esta alianza.
En julio una delegación norteamericana visitó Ankara, donde el Subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz recalcó la oposición de Washington a un estado kurdo en el norte iraquí. A mediados de ese mes Turquía condicionó su apoyo a Estados Unidos en caso de una guerra contra Iraq. Las condiciones eran: que no se formara un estado kurdo, ni siquiera bajo la forma de una federación iraquí sobre la base de líneas étnicas; que Kirkuk no cayera bajo control kurdo y que se otorgaran derechos a la minoría turcomana. Por otro lado, Turquía tenía quejas hacia Estados Unidos, porque no se consideraba apropiadamente consultada sobre las actividades norteamericanas en el norte de Iraq y porque los turcomanos no habían sido invitados a la conferencia celebrada en agosto en Washington. Este malestar fue motivo de una visita del Subsecretario de Asuntos Exteriores turco Ugur Ziyal a Estados Unidos. Turquía recibió la promesa de que los turcomanos serían invitados a la siguiente conferencia de la oposición en Europa. Esta invitación se concretó más tarde en el mismo mes y fue recibida con beneplácito por el gobierno turco. La difícil situación de Estados Unidos entre Turquía y las dos agrupaciones kurdas se hizo evidente a fines de septiembre cuando este último país acusó al primero de alentar medidas hacia la independencia kurda. Ecevit sostuvo que esta actitud perjudicaba los esfuerzos estadounidenses por ganarse el apoyo turco en una acción militar contra Iraq. Asimismo, declaró que esperaba que "Estados Unidos alcanzará un compromiso con Turquía, porque supongo que la importancia de Turquía para Europa occidental y Estados Unidos no puede compararse con la importancia del estado que es planeado en el norte de Iraq."29
A comienzos de octubre el gobierno turco consideró algunos puntos con relación al problema iraquí. Turquía se esforzaría para evitar una acción militar norteamericana contra Iraq. En el caso de una guerra, Estados Unidos podría utilizar las bases turcas siempre que la operación estadounidense contara con el respaldo de una resolución internacional. Estados Unidos debería compensar las pérdidas económicas turcas y finalizar la operación contra Iraq lo más rápidamente posible. Asimismo, Turquía debería recibir la garantía de que no habría un estado independiente en el norte iraquí. De igual importancia se consideraba que Mosul y Kirkuk no cayeran bajo el predominio kurdo, así como la prevención de una oleada de refugiados acudiendo a la frontera turca. Como siempre, el gobierno turco no se cansaba de reiterar que tomaría todas las medidas necesarias ante el surgimiento de una "situación seria" en el norte de Iraq.
A fines de octubre Estados Unidos se preocupó por recalcar su compromiso con la integridad territorial iraquí. A principios del mes siguiente las Fuerzas Armadas turcas pusieron en claro su posición ante la situación en el norte de Iraq, consideraciones dirigidas a Estados Unidos. Afirmaron que intervendrían en un estado kurdo, que Mosul y Kirkuk no debían caer bajo control kurdo, que Estados Unidos no debía utilizar combatientes kurdos contra el régimen de Saddam Hussein, que el régimen sucesor debía recibir apoyo y que las pérdidas turcas debían ser compensadas.
A mediados de noviembre una delegación de la CIA visitó Ankara y sostuvo conversaciones con funcionarios de inteligencia turcos. Estos advirtieron que el uso de peshmergas en una acción armada contra Iraq podría amenazar la integridad territorial turca. También tuvieron lugar conversaciones acerca de la compensación que Estados Unidos otorgaría a Turquía por las pérdidas que este país pudiera sufrir como consecuencia de una guerra contra Iraq. Asimismo, la administración estadounidense se movió para presionar a la UE con el objeto de acelerar el proceso de admisión de Turquía a la organización europea. Tal fue el caso de la llamada telefónica realizada por el Presidente Bush al Primer Ministro danés, Anders Fogh Rasmussen, en la que habló de la "importancia de acelerar la evolución de Turquía hacia la membresía,"30 con ocasión de la reunión de los líderes de la UE en Dinamarca en diciembre. A principios de dicho mes Wolfowitz visitó Ankara y se reunió con el Primer Ministro Abdullah Gul -en el cargo desde las elecciones del 3 de noviembre-, con el objeto de presionar a Turquía y obtener su colaboración en una acción militar contra Iraq. El gobierno turco declaró que permitiría a Estados Unidos utilizar su espacio aéreo y estacionar aviones de guerra, siempre que la acción militar contra Iraq fuera autorizada por una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Estados Unidos no podría desplegar grandes números de tropas terrestres en territorio turco. Funcionarios turcos sostuvieron que el gobierno norteamericano debía tener en cuenta la opinión pública, que se oponía a una guerra contra Iraq y a una presencia militar norteamericana importante en Turquía. Pocos días después el líder del partido en el gobierno turco, Recep Tayyip Erdogan31 se reunió con el Presidente Bush, con el Vice-presidente Dick Cheney y la Asesora Nacional de Seguridad, Condoleezza Rice.
Para lograr la colaboración turca, Estados Unidos ofrecía a Ankara apoyo a través del FMI, asistencia financiera y presionaba a la UE para acelerar el proceso de admisión de Turquía.32 Asimismo, no se cansaba de reiterar su oposición a un estado kurdo independiente. Pero no dejó de advertir que Estados Unidos se oponía a que Turquía interviniera unilateralmente en el norte de Iraq en caso de guerra y que cualquier intervención turca debía ser llevada a cabo junto con Estados Unidos y los kurdos iraquíes. Por su parte, Turquía pedía asistencia financiera, que no se permitiera el nacimiento de un estado kurdo y que su aliado norteamericano limitara el papel de los kurdos en el caso de un conflicto armado, antes y después de éste. Es de notar que el gobierno turco se aseguró de aclarar que sus declaraciones a favor de la cooperación con Estados Unidos no equivalían a un compromiso formal.
A fines de diciembre el parlamento turco renovó por otros seis meses el permiso para usar la base de Incirlik, en el marco de Operation Northern Watch. El gobierno turco decidió que Estados Unidos podría usar bases aéreas en Turquía pero no podría realizar despliegues masivos de tropas en territorio de este país. Esta decisión vino acompañada de la aclaración de que no era una decisión final y que no implicaba compromisos u obligaciones. La acción militar contra Iraq debería contar con el respaldo de una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas o de una decisión de la OTAN, así como con el apoyo de otros países islámicos de la región. A principios de enero Turquía otorgó permiso a Estados Unidos para examinar bases aéreas y puertos en Turquía y para que agentes de la CIA operaran en el Kurdistán iraquí.
Es de destacar el énfasis puesto por Turquía contra el despliegue de tropas británicas en dicha zona, así como su deseo de demorar la decisión final acerca de su colaboración con Estados Unidos hasta después de una decisión de las Naciones Unidas sobre el problema iraquí. También es interesante notar que la demora en tomar la decisión final no impidió que Turquía comenzara a prepararse para la guerra (realizando preparativos en las bases del sudeste del país). Sin embargo, las demoras y en ocasiones, la ambigüedad del gobierno turco -las expresiones de apoyo a Estados Unidos junto con el rechazo de una guerra contra Iraq-, exasperaban a Washington, que presionaba por obtener la decisión final turca sin esperar la decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre las inspecciones de armas en Iraq. Aún a principios de enero el Ministro de Defensa turco, Vecdi Gönül, mantenía que el problema iraquí debía resolverse pacíficamente a través de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Es importante aquí aclarar que, a pesar del poder político del Consejo Nacional de Seguridad, la decisión de otorgar permiso para el despliegue de tropas extranjeras en suelo turco correspondía al parlamento, dominado por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AK), con lo que Estados Unidos culpaba de las demoras al partido.
En enero, Estados Unidos continuaba presionando a Turquía, diciendo que el tiempo se estaba agotando. Como resultado, los militares de ambas partes llegaron a un acuerdo sobre un plan para trasladar tropas norteamericanas a través del paso de Habur, plan que debía ser aprobado por el parlamento. A principios de febrero ambos gobiernos lograron un acuerdo que otorgaba permiso a Estados Unidos para desplegar aviones de guerra y tropas en Turquía. Estados Unidos se responsabilizaría de la seguridad de Kirkuk y Mosul, donde los kurdos no podrían entrar. En el caso de que los kurdos reclamaran estas áreas, Turquía tendría el derecho de intervenir. Poco después el parlamento turco aprobó la moción por la que se permitiría que personal técnico y militar estadounidense trabajara en Turquía por tres meses construyendo y modernizando bases aéreas y puertos. Gul afirmó que Turquía apoyaría a Estados Unidos en un ataque contra Iraq y añadió que Turquía debía intervenir junto a su aliado norteamericano, con el fin de evitar el surgimiento de un estado kurdo que podría amenazar la seguridad del país. Aseguró que la intervención turca no tendría como objetivo combatir, sino evitar una oleada de refugiados y la creación de un estado kurdo.
Asimismo, tuvieron lugar en Ankara (conversaciones mencionadas más arriba, en "Estados Unidos y la oposición iraquí") negociaciones para llegar a un acuerdo que permitiera a Turquía ocupar parte del norte de Iraq, idea a la que se oponían los kurdos, a pesar de que Estados Unidos intentaba persuadirlos de aceptar la propuesta. El arreglo preveía que ni turcos ni kurdos podrían entrar en Mosul y Kirkuk y que las fuerzas turcas se mantendrían en una zona fronteriza del norte de Iraq, pero no se adentrarían más allá. Se suponía que las tropas turcas estarían allí para enfrentar una crisis de refugiados y una emergencia humanitaria.33 Sin embargo, tanto Turquía como Estados Unidos deseaban estar al mando de las tropas turcas que serían enviadas a Iraq. Ankara sostenía que la idea de que estas fuerzas no fueran comandadas por turcos sería un insulto, mientras que Estados Unidos advertía que la intervención debía ser realizada como parte de una coalición internacional. Turquía también deseaba enviar el doble de tropas que las enviadas por Estados Unidos. Por otra parte, el gobierno turco pospuso el tratamiento por el parlamento de la colaboración turca con Estados Unidos, afirmando que primero era necesario llegar a un acuerdo sobre algunas cuestiones económicas, políticas y militares.
Estas cuestiones incluían el monto de dinero que Turquía recibiría de Estados Unidos, del que, por otra parte, Turquía deseaba una garantía escrita; la intervención turca en el norte iraquí y el destino de los kurdos luego de la guerra -Turquía pedía que fueran desarmados y que no hubiera autonomía kurda-. Finalmente, se decidió que las tropas turcas serían comandadas por un general turco y que la coordinación de las fuerzas de ambos países se realizaría en los cuarteles generales del Comando Central de Estados Unidos en Qatar y en la ciudad turca de Diyarbakir. Estados Unidos podría desplegar 62 mil tropas en Turquía y utilizar bases aéreas en este país. Turquía recibiría 30 mil millones de dólares. Sus tropas intervendrían en el norte de Iraq junto con las norteamericanas ingresando detrás de éstas y no habría estado kurdo, ni siquiera uno autónomo. Los kurdos serían desarmados. Este acuerdo debía ser aprobado por el parlamento, votación que fue pospuesta por segunda vez. Cuando finalmente la propuesta fue sometida a la consideración del parlamento, éste la rechazó. El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AK) afirmó que decidiría sobre la posibilidad de una nueva votación, en dos o tres semanas. Pero el gobierno turco dio a entender que antes de que tuviera lugar una nueva votación, Estados Unidos debería dar garantías sobre el futuro de Iraq. En la primera mitad de marzo, Erdogan manifestó la posibilidad de que Turquía permitiera el despliegue de tropas norteamericanas sólo si Estados Unidos otorgaba garantías más sólidas acerca de los intereses turcos en el nuevo régimen iraquí. Estos incluían representación turcomana justa en Bagdad y la especificación del rol que Turquía tendría en las decisiones concernientes al futuro de Iraq. Por otra parte, Erdogan afirmó que no tenía apuro en llamar a una segunda votación en el parlamento.
Las relaciones llegaron a hacerse tensas a mediados de marzo, cuando Bush envió una carta a Erdogan, que afirmaba que Estados Unidos ya no podía esperar más y que Turquía debía otorgar el permiso para utilizar las bases aéreas. Añadía que si Estados Unidos y Turquía no podían entrar juntos en el norte de Iraq, entonces Turquía no debía entrar sola. Esta no pareció inmutarse, respondiendo que la formación del nuevo gobierno se demoraría y que se esperaría la decisión de las Naciones Unidas. Poco después el gobierno norteamericano decidió que descartaba la posibilidad de desplegar tropas en territorio turco para atacar a Iraq, pero reiteró su advertencia de que Turquía no debía intervenir unilateralmente, afirmando que tal acción dañaría aún más las relaciones entre Turquía y Estados Unidos. Aseguró, asimismo, que Estados Unidos mantendría el país unido, protegería la igualdad de derechos de todas las minorías y manejaría el problema de los refugiados, añadiendo que no había nada que la coalición no pudiera hacer. Por si cabía alguna duda acerca de la importancia atribuida por Washington a la abstención turca, la administración norteamericana envió una carta de felicitación al nuevo Primer Ministro, Erdogan, en la que advertía que una intervención unilateral de Turquía podía conducir a choques entre fuerzas turcas y norteamericanas. Por otro lado, Estados Unidos aún mantenía su deseo de obtener permiso para utilizar el espacio aéreo turco, que según Erdogan sería decisión del parlamento. Una reunión tuvo lugar en Ankara entre representantes norteamericanos, kurdos y turcos, en la que Turquía se negó a mantener sus fuerzas fuera de Iraq y en la que se acordó crear un grupo de coordinación para reducir la tensión y procurar atender los intereses turcos sin necesidad de la intervención de tropas turcas. Líderes militares y del gobierno turco llamaron a permitir la entrada de tropas norteamericanas, proponiendo una segunda votación, aunque sin especificar la fecha. Finalmente, el parlamento autorizó el uso del espacio aéreo por parte de Estados Unidos, así como el despliegue de tropas turcas en el Kurdistán iraquí. El gobierno turco atribuyó la necesidad de tal despliegue a las medidas que serían necesarias para asegurar que los refugiados iraquíes permanecieran del lado iraquí, evitando su derrame en Turquía. Esta envió tropas al norte de Iraq, afirmando que no eran tropas de combate y que estaban allí para "manejar la situación humanitaria." El envío fue recibido por Estados Unidos con preocupación y rechazo.
A principios de agosto tuvo lugar una conferencia de grupos de oposición en Washington (ya mencionada), a la que Barzani no asistió, siendo representado el PDK por Zebari. Se dijo que su ausencia se debió a que Turquía se había negado a permitirle viajar a través de territorio turco (tener en cuenta que el Kurdistán iraquí está rodeado por tierra y no cuenta con medios de transporte aéreo, por lo que la única forma de entrar y salir de él es a través de los países vecinos). Sin embargo, hay versiones que sostienen que Barzani se negó a asistir. Este envió un mensaje a Washington a través de Zebari, sosteniendo que Estados Unidos había roto su promesa, hecha en abril, de considerar la posibilidad de que el gobierno iraquí lanzara un ataque preventivo contra los kurdos antes de que Estados Unidos hubiera concentrado fuerzas en la región. Washington sostenía que si los kurdos fueran atacados, este país respondería en un momento y lugar de su elección, a diferencia de la respuesta más inmediata esperada por los kurdos. También Talabani se quejó de promesas incumplidas por parte de Estados Unidos, diciendo que se les había prometido entrenamiento, equipo y dinero y que nada de eso se había concretado. Los dos líderes kurdos intentaban obtener garantías de seguridad más concretas y continuaron insistiendo en su requerimiento de equipo militar y protección contra armas químicas. Asimismo, Talabani pidió que Estados Unidos estableciera un cronograma para elecciones luego de la caída del régimen iraquí. No obstante, Estados Unidos, consciente de la sensibilidad turca hacia el destino del norte de Iraq, se cuidó de hacer promesas. Los kurdos también se quejaban de la poca atención que Washington había dedicado a la preparación militar de los aproximadamente 70 mil peshmergas (las cifras dadas oscilan entre 70 y 100 mil) que las dos agrupaciones podían reunir en una acción militar contra el gobierno iraquí, así como de la falta de comunicación y coordinación con Estados Unidos.
Sin embargo, en noviembre Talabani sostuvo que "ahora hay toda clase de cooperación militar" entre los kurdos y Estados Unidos, y aseguró que, de ser el norte de Iraq invadido por fuerzas de Saddam Hussein, Estados Unidos reaccionaría sin demora. Un líder del PDK sostuvo, por su parte, que en los dos últimos meses había tenido lugar un cambio en la relación con Estados Unidos. No obstante, este país se negó a confirmar cualquier cambio en su nivel de compromiso y cooperación con los kurdos. Asimismo, continuaron las quejas kurdas acerca de la falta de respuesta estadounidense a la disposición de los líderes kurdos a ofrecer sus peshmergas para realizar operaciones contra Saddam Hussein. Por otra parte, hacia diciembre el trabajo de equipos de la CIA y funcionarios kurdos en el enclave había llegado a ser normal.
A principios de diciembre dos senadores norteamericanos, Chuck Hagel y Joseph Biden, visitaron el enclave kurdo. Aseguraron que los kurdos serían tenidos en cuenta en un orden post-Saddam y que los responsables de los crímenes cometidos por el régimen iraquí deberían rendir cuentas. También mantuvieron que no había ningún cambio en la política norteamericana hacia los kurdos. Se dirigieron al parlamento kurdo en Arbil y visitaron un campamento de refugiados habitado por kurdos forzados a abandonar Kirkuk. Sin embargo, a pesar de los gestos realizados hacia los kurdos, éstos temían que como consecuencia de las negociaciones entre Turquía y Estados Unidos el papel kurdo en el nuevo orden iraquí fuera limitado, debido a las exigencias turcas en este sentido. Así se entienden algunas declaraciones de Nechirvan Barzani a principios de diciembre: "Si Estados Unidos quiere un cambio fundamental en Iraq, no puede ignorar nuestro rol," "No queremos malas relaciones con Turquía. Pero si Estados Unidos no toma en serio nuestros requisitos, creemos que es imposible tener estabilidad en Iraq ahora o en el futuro." En el mismo sentido declaró Salih, respecto a un régimen democrático y federal para Iraq que garantizara la autonomía kurda, que "Si esto puede lograrse sin acción militar y riesgos para nuestra gente, bien. Pero somos combatientes por la libertad; los kurdos tienen un importante rol que jugar."34
En febrero las relaciones entre kurdos y norteamericanos se tensaron, con los primeros expresando su profundo rechazo del plan estadounidense para el nuevo régimen iraquí. Los líderes kurdos sostuvieron que Estados Unidos no cumpliría con sus promesas anteriores de instalar un régimen democrático en Iraq, lo que atribuyeron a presión ejercida por Arabia Saudita y Turquía, con el fin de evitar un posible cambio político radical. En referencia a las intenciones estadounidenses para el Iraq post-Saddam, Zebari rechazó cualquier intento norteamericano de imponer por la fuerza a un iraquí que no había estado en Iraq por años. El rechazo kurdo se debía a que como consecuencia de las negociaciones que tenían lugar entre Estados Unidos y Turquía, punto ya tratado, los kurdos deberían renunciar en lo inmediato a un régimen federal, así como aceptar la intervención de tropas turcas en el Kurdistán iraquí. Tampoco podrían entrar en Kirkuk y Mosul. En el mismo mes Barzani y Talabani enviaron una carta a Bush que advertía acerca del riesgo de choques entre fuerzas kurdas y turcas en el caso de que éstas intervinieran en el norte de Iraq. Expresaba el temor de que el objetivo de una intervención turca fuera "aplastar nuestro experimento en el auto-gobierno democrático". También solicitaba un "memorandum de entendimiento" que garantizara la no-intervención de todos los países vecinos y el compromiso escrito de Estados Unidos con un régimen democrático y federal en Iraq. A cambio los kurdos apoyarían la integridad territorial del país y prometerían no llevar a cabo acciones unilaterales para adquirir ganancias territoriales -esto en referencia a Kirkuk y Mosul-. Asimismo, se recordaba al presidente norteamericano que los kurdos aún no habían recibido nada de lo necesario para protegerse contra armas químicas, tal como se les había prometido.
Las discrepancias entre kurdos y norteamericanos no impedían que las dos agrupaciones kurdas mantuvieran conversaciones con Estados Unidos acerca del rol de los peshmergas y colaboraran con los preparativos militares norteamericanos en el norte de Iraq, incluyendo planes para atacar Mosul y Kirkuk. Una fuente del UPK sostuvo, en marzo, que ambas agrupaciones kurdas esperaban tener un rol importante en "asegurar" Mosul y Kirkuk. En una conferencia de prensa, Barzani y Talabani aseguraron que sus fuerzas sólo tendrían un papel defensivo, a menos que se les diera otro tipo de órdenes. Los preparativos militares que tenían lugar en el enclave kurdo no siempre fueron oficialmente reconocidos por las agrupaciones kurdas. A principios de septiembre Talabani negó que hubiera presencia militar norteamericana en la región. Salih lo negó nuevamente en diciembre. A fines de enero ya era evidente el aumento de la actividad militar norteamericana en el norte de Iraq. En marzo ésta continuó, con la preparación de pistas, la instalación de bases, aumento de tropas estadounidenses y cooperación con las agrupaciones kurdas. Los planes contemplaban la toma de Kirkuk, si bien los peshmergas no llegarían a entrar allí. Cabe destacar que dichos planes contradecían las declaraciones kurdas en el sentido de que sus fuerzas no saldrían de las zonas bajo administración kurda.
Las relaciones entre estos dos actores eran tensas, llegando incluso a protagonizar ambos una "guerra verbal" plagada de amenazas y advertencias. A mediados de agosto Turquía amenazó con abolir el comercio ilegal a través del paso de Habur, como medio de presión sobre el PDK, acusando a esta agrupación de apoyar a KADEK (antes conocido como PKK). El PDK manifestó su enojo ante declaraciones de políticos turcos en el sentido de que las zonas petroleras del norte de Iraq deberían ser parte de Turquía. Asimismo, Barzani sostuvo en un tono particularmente duro: "Dejen que prueben suerte en el Kurdistán de hoy. Ellos... serán testigos de que esta nación convertirá el Kurdistán en un cementerio para aquellos que la ataquen."35 A esto funcionarios de Turquía respondieron remarcando que Barzani no estaba consciente del poder del ejército turco y que no cualquiera en la región podía desafiarlo. Poco después el gobierno turco habló en una reunión de altos funcionarios acerca de un proyecto para establecer un segundo paso fronterizo con el objeto de evitar la utilización del paso de Habur, controlado del lado iraquí por el PDK. El paso permitiría pasar de Turquía a Iraq a través de Siria, con lo que Bagdad debería abrir un cruce en la frontera siria. Los camiones pasarían a través de territorio turcomano y evitarían territorio controlado por Barzani. Un diario turco sostuvo, a mediados de septiembre, que Turquía se estaba preparando para abrir dicho cruce y que al hacerlo se lograría tres cosas: "la primera es apertura a Siria, la segunda es alcanzar Bagdad sin enfrentar a los grupos kurdos en el norte de Iraq, y la tercera es frustrar la reacción mostrada por Estados Unidos en contra de abrir un segundo cruce entre Turquía e Iraq."36 A principios de septiembre un funcionario del gobierno turco sugirió que Turquía debería declarar la autonomía para los turcomanos, como respuesta a lo que consideró como llamada a la independencia de los líderes kurdos. Esto a pesar del viaje de un funcionario del PDK a Ankara la semana anterior declarando que Turquía y el PDK debían mejorar sus relaciones. Por otra parte, a esto se agregaban las amenazas turcas de acción militar en el caso de que los kurdos tomaran medidas hacia la independencia, así como la declaración de Barzani de que Kirkuk era el corazón del Kurdistán, que los kurdos nunca renunciarían a ella y que no cederían "un milímetro de tierra a los turcos," calificando las amenazas turcas de acción militar contra un estado kurdo de "amenazas vacías",37 afirmaciones todas éstas que fueron recibidas por Turquía con rechazo, calificándolas de "agresivas y objetables." Como era de esperarse, Ankara expresó su malestar hacia el acuerdo logrado por Talabani y Barzani para la reunión del parlamento kurdo el 4 de octubre, punto mencionado más adelante. No dejó de reiterar su determinación a no permitir el surgimiento de un estado kurdo en el norte de Iraq, así como de expresar su preocupación por el hecho de que los líderes kurdos se habían referido al proceso de Washington pero no al de Ankara.
No obstante las fricciones entre el PDK y Turquía, ambos dieron señales en el mismo mes de desear mejorar sus relaciones, minimizando el primero la importancia del borrador de constitución iraquí, calificándolo como "ejercicio de composición", y bajando la segunda el tono de las declaraciones dirigidas al PDK. De igual manera, Barzani reiteró su compromiso con la integridad territorial de Iraq y su disposición a dialogar con Turquía y a ofrecerle a este país reaseguros acerca de la seguridad y soberanía turcas. Esto no impidió que Barzani dirigiera una advertencia a Turquía e Irán, diciendo que en el caso de que éstos intervinieran en el norte de Iraq, tal acto amenazaría la seguridad de esos mismos países. Como tampoco impidió que el Primer Ministro turco reaccionara ante la aprobación del borrador de constitución para Iraq -a través de uno de los comités establecidos en el marco de las decisiones tomadas entre ambas agrupaciones a principios de septiembre, punto mencionado más adelante- diciendo que un estado de facto se estaba formando en el norte de Iraq y que Turquía no permitiría tal cosa. También sostuvo que los kurdos de Iraq no debían imponer su visión sobre otros grupos. Los esfuerzos por reducir la tensión continuaron, a través de una reunión a fines de septiembre en el norte de Iraq entre funcionarios kurdos y una delegación turca. No obstante, a mediados de octubre Barzani llamó la atención sobre lo que consideraba una contradicción en las declaraciones de Turquía, contradicción dada según él por el énfasis de Ankara en la integridad territorial iraquí al tiempo que afirmaba sus intenciones sobre Kirkuk. El líder kurdo sostuvo que la identidad de Kirkuk no sería negociada con nadie y afirmó que estos temas debían ser discutidos con Iraq. Reiteró que el Kurdistán iraquí no amenazaba a nadie, que ningún país vecino debía interferir en los asuntos internos de Iraq y que el pueblo kurdo tenía derecho a defenderse. En otra ocasión pidió que Turquía retirara sus tropas del norte de Iraq.
Nechirvan Barzani acompañaba sus afirmaciones de que los kurdos no buscaban la independencia y su apreciación de Turquía como "un importante país regional y un miembro de las fuerzas de coalición que protegen nuestra región"38 con reclamos sobre Kirkuk, diciendo que esta ciudad estaba dentro del Kurdistán iraquí, aunque su riqueza pertenecía a todos los iraquíes. A fines de octubre nuevos intentos de mejorar las relaciones tuvieron lugar, con N. Barzani sosteniendo que los kurdos eran amigos y aliados de Turquía y afirmando su deseo de mantener el diálogo. Como parte de ese esfuerzo, N. Barzani visitó Ankara y expresó su disposición a dar garantías a Turquía. Asimismo, afirmó que no había ningún problema con los turcomanos y que si bien había algunas diferencias con el FTI, tenía esperanza de que éstas pudieran zanjarse a través del diálogo. A fines de diciembre el PDK advirtió a Turquía que no debía entrar unilateralmente en "las zonas liberadas del Kurdistán del sur". Esta advertencia fue reiterada en la visita que Masoud Barzani hizo a Turquía a principios de enero de 2003, en la que expresó el acuerdo de ambas partes en la necesidad de mejorar sus relaciones así como su rechazo de despliegues adicionales de tropas turcas en el norte de Iraq. A fines del mismo mes Barzani afirmó que, en lo que consideraba una señal positiva, Turquía le había garantizado que no tenía ambiciones sobre Mosul y Kirkuk y que intervendría sólo a pedido de los kurdos, pero no de manera unilateral. Poco después Zebari mantuvo que luego de la guerra se podría necesitar un período de transición de dos años, así como la presencia militar norteamericana por un "cierto período". Sin embargo, también expresó el rechazo del PDK a la "intervención militar extranjera", en referencia a una posible intervención turca.
En febrero se registró una escalada en las relaciones entre el PDK y Turquía, a raíz de las negociaciones entre ésta y Estados Unidos y las condiciones exigidas por el gobierno turco para colaborar con su aliado norteamericano. La revelación de que Turquía había exigido, y logrado, el asentimiento estadounidense para una intervención turca en el norte de Iraq, para que se evitara la continuación de la autonomía kurda y para que los kurdos fueran desarmados, provocó declaraciones de funcionarios del PDK que denotaban su ira ante lo que consideraban una nueva traición de Estados Unidos. Uno de ellos, Abdul Rahman, acusó a Turquía de "expansionismo y colonialismo del siglo XIX," y aseguró que los kurdos resistirían con todos sus medios. Las declaraciones por parte de funcionarios del PDK expresando, se podría decir que con furia, su profundo rechazo de una intervención turca, se reiteraban con frecuencia desde que Estados Unidos y Turquía comenzaran a negociar en estas líneas. Por su parte Turquía afirmaba que las declaraciones kurdas eran una provocación y advertía a los kurdos que no debían confrontarla. Poco después este país sostuvo que el PDK debía cooperar con Ankara, lo que fue respondido por la agrupación kurda diciendo que era un "buen paso." Sin embargo, poco después Barzani declaró: "Tener tropas turcas en Kurdistán significa la guerra. Sería una gran guerra."39 Por otro lado, tanto el PDK como Turquía aumentaban su presencia militar en la frontera al acercarse la guerra.
Las relaciones de Turquía con el UPK eran más cordiales. Entre fines de julio y principios de agosto Salih visitó Turquía y se reunió con funcionarios de este país con el fin de discutir la situación de Iraq, la perspectiva de una guerra y lo que vendría después. Salih enfatizó que los turcomanos eran socios del país y sostuvo que deberían asistir al encuentro de grupos de la oposición que se realizaría en Washington más adelante en agosto. A principios de septiembre Talabani visitó Ankara, donde expresó su agradecimiento por todo lo que Turquía había hecho40 y su deseo de que la cooperación continuara. A diferencia de las respuestas agresivas del PDK a las declaraciones turcas sobre Kirkuk y Mosul, Talabani sostuvo en octubre que él nunca había oído de sus "amigos turcos" que Turquía deseara una porción de territorio iraquí y que en cambio este país siempre se había manifestado a favor de la integridad territorial de Iraq, así como de la prosperidad de los iraquíes. Asimismo, negó que Kirkuk fuera solamente kurda; afirmó que árabes, kurdos, turcomanos y asirios debían ser "socios en la administración" de la ciudad y que todos tendrían iguales derechos; también expresó su disposición a negociar con Turquía y los turcomanos una "estrategia común" para la ciudad. Talabani remarcó que la producción petrolera debía quedar en manos de la administración central del país, dado que el petróleo iraquí pertenecía a todos los iraquíes.
A principios de noviembre el gobierno turco electo, dominado por islamistas moderados -luego de las elecciones del día 3 de ese mes, donde el Partido de la Justicia y el Desarrollo, AK, logró una victoria rotunda- invitó a Talabani a visitar Ankara. Esta visita se concretó poco después en el mismo mes, con el fin de tratar la constitución y el parlamento kurdos y la posición de los turcomanos en dicho parlamento. Talabani minimizó la importancia de la constitución, aseverando que sólo se trataba de un borrador y que podía ser modificada. Reiteró, como era ya rutina, su deseo de un Iraq unido y democrático y afirmó que las relaciones con los turcomanos eran muy buenas. Otra visita de Talabani a Ankara tuvo lugar a fines de diciembre, donde se reunió con el Primer Ministro Gul. El líder kurdo afirmó que las "líneas rojas" turcas -las líneas rojas que no debían ser cruzadas, es decir, la creación de un estado kurdo y el control kurdo de Mosul y Kirkuk- eran aceptables para todos los partidos kurdos. También mantuvo que los kurdos iraquíes no se opondrían a que tropas turcas actuaran en el norte de Iraq si éstas lo hacían como parte de una coalición internacional, si bien se preocupó por añadir que las fuerzas extranjeras deberían abandonar la región una vez formado el nuevo gobierno iraquí. Salih advirtió a fines de enero que Turquía no debía intervenir en el norte de Iraq, dado que los iraquíes tenían el pleno derecho de decidir cuál sería el nuevo régimen. Respecto a esta cuestión, Talabani afirmó poco después que si Turquía intervenía existía la posibilidad de que Irán hiciera lo mismo; también aseguró que los kurdos no entrarían en Mosul o Kirkuk.
En febrero las relaciones se tensaron ante las negociaciones entre Estados Unidos y Turquía y los planes turcos para intervenir militarmente en el norte de Iraq. Se decía que uno de los objetivos de la intervención turca podría ser desarmar a los kurdos. A esto Salih reaccionó diciendo: "Saddam Hussein fracasó en desarmarnos; somos combatientes por la libertad y defenderemos nuestras ganancias duramente adquiridas."41 Una declaración en este tono era inusual por parte de Salih y es esta diferencia la que pone de manifiesto lo grave de la situación vista desde la perspectiva kurda, incluso para el UPK, generalmente más conciliador que el PDK.
Las relaciones entre el UPK y el PDK continuaron mejorando. En julio de 2002 tuvo lugar una reunión entre las dos agrupaciones que se centró en la implementación del acuerdo de 1998. A principios de septiembre Barzani y Talabani se reunieron por primera vez en dos años con el objeto de tratar la situación en Iraq y el proceso de paz entre ambas agrupaciones kurdas. Se decidió que el parlamento kurdo -donde el PDK tenía 51 asientos y el UPK 49, con 5 asientos para los asirios- se reuniría en Arbil el 4 de octubre y que se establecerían cuatro comités conjuntos para tratar los siguientes temas: elaboración de una visión común acerca de un régimen federal para Iraq, temas de seguridad, normalización de las relaciones entre las dos agrupaciones y una política común interna e internacional. La convocatoria al parlamento kurdo formaba parte del acuerdo de 1998. A fines de septiembre dos de los comités acordaron la apertura de oficinas de cada agrupación en el territorio de la otra, la devolución de propiedad tomada durante los combates entre ambas agrupaciones, la liberación de detenidos y medidas hacia la libertad de desplazamiento entre las dos zonas. Además de la constitución para un Iraq federal, las dos agrupaciones kurdas elaboraron una constitución para la zona kurda autónoma. Un nuevo parlamento sería elegido en un plazo de seis a nueve meses, siempre que la situación en la región lo permitiera. Dos días antes de la reunión del parlamento kurdo Barzani se reunió con Talabani en Suleimaniya. El 4 de octubre el parlamento aprobó el Acuerdo de Washington alcanzado por las dos agrupaciones en 1998 con la mediación de Estados Unidos. Barzani y Talabani no perdieron ocasión de enfatizar que la unidad kurda no iba dirigida contra nadie y que los kurdos no amenazarían la seguridad y estabilidad de sus vecinos.
A principios de marzo el UPK y el PDK acordaron formar un Alto Liderazgo Conjunto, liderado por Barzani y Talabani y conformado por miembros de ambas agrupaciones, con el objeto de coordinar sus políticas. Bajo este liderazgo estarían las Fuerzas del Kurdistán Iraquí.
Cabe aclarar, sin embargo, que la cuestión de los ingresos del paso de Habur continuó siendo un punto de desacuerdo entre las dos agrupaciones, con el UPK sosteniendo que el PDK aún no estaba compartiendo esos ingresos, tal como lo demandaba el acuerdo alcanzado entre ambos en 1998.
Se tratarán aquí algunos contactos diplomáticos relevantes.
En una visita del Ministro de Relaciones Exteriores Sukru Sina Gurel a Irán a principios de septiembre, el funcionario turco manifestó su oposición a una guerra contra Iraq en un comunicado conjunto con su contraparte iraní, Kamal Kharazi. A mediados de octubre el Presidente iraní Seyed Mohammad Khatami realizó una visita a Turquía con el fin de asistir a una cumbre de la Organización para la Cooperación Económica y se entrevistó con su contraparte turco. Sostuvo que la visión de ambos países acerca de la situación en Iraq era similar, haciendo énfasis en la preservación de la integridad territorial iraquí y en la resolución pacífica de la crisis de este país. En marzo el enviado iraní Behzad Nabavi visitó Ankara y se reunió con el Presidente turco Ahmet Necdet Sezer y otros funcionarios, en medio de las sospechas de que el verdadero objeto de las conversaciones era la oposición de ambos países a un estado kurdo independiente. Por otro lado, a principios de febrero un funcionario turco visitó Siria y se entrevistó con el Presidente y el Ministro de Relaciones Exteriores de este país, Bashar al-Assad y Farouk al-Shara respectivamente.
Hoshyar Zebari realizó una visita a Irán a fines de septiembre. La delegación kurda le aseguró al gobierno iraní que el nuevo régimen iraquí no sería hostil a Irán y que no se formaría un estado kurdo independiente. También tuvo lugar una reunión con miembros del CSRII. En diciembre Barzani visitó Teherán, donde se entrevistó con el Presidente Mohammad Khatami, el ex-presidente Ali Akbar Hashemi Rafsanjani, los Ministros de Relaciones Exteriores y de Inteligencia, comandantes de los Guardias Revolucionarios y con el líder del CSRII, Baqer al-Hakim. El vocero del parlamento iraní Mehdi Karubi enfatizó la importancia de la "unidad, independencia e integridad territorial de Iraq" y alentó a la oposición iraquí a "unirse para lograr sus objetivos". Barzani obtuvo la aceptación iraní de un Iraq federal. A mediados de noviembre Barzani visitó Damasco, respondiendo a una invitación del gobierno sirio. El líder kurdo buscaba tranquilizar a Siria respecto a un posible surgimiento de un estado kurdo. Barzani y el Presidente sirio Bashar al-Assad remarcaron, como era de esperarse, la importancia de preservar la integridad territorial de Iraq, así como su independencia. Este principio se repitió en la nueva visita de Barzani a Siria a principios de enero. Nechirvan Barzani visitó este país a fines de marzo, ya comenzada la guerra, y calificó las relaciones con Siria como "estratégicas".
A mediados de octubre una delegación del UPK encabezada por Salih visitó Damasco, con el fin de aplacar los temores sirios acerca del surgimiento de un estado kurdo en Iraq. A principios de noviembre Talabani realizó una visita a Siria. Sostuvo que las relaciones del UPK con Siria eran estratégicas y expresó su disposición a mantener consultas con este país acerca de los cambios que se esperaban en la región. Talabani se refirió a los sirios como "aliados" y "amigos" y declaró que los kurdos de Siria eran parte de Siria y que su papel era el de ciudadanos sirios que debían defender la unidad siria. Por supuesto, no omitió enfatizar que nadie en la región se proponía establecer un estado kurdo. A principios de enero de 2003 Talabani visitó Teherán, donde sostuvo conversaciones con el vocero del parlamento, Mehdi Karubi. Este expresó el apoyo de Irán a la unidad de Iraq. Talabani sostuvo que llevaba al gobierno iraní un mensaje de Estados Unidos, asegurando que este país no actuaría contra el régimen iraní en el caso de una guerra contra Iraq. Talabani también se entrevistó con varios miembros de alto nivel del CSRII.
Ansar-al-Islam era una agrupación islámica seguidora de una forma extrema de Islam sunita integrada por árabes y kurdos iraquíes nacida a partir de varias agrupaciones, entre ellas Jund-al-Islam, surgida esta última en Septiembre de 2001. Con anterioridad a la guerra iraquí, había tomado control de una porción de territorio junto a la frontera iraní -y según algunos informes había impuesto allí un régimen al estilo talibán- en la zona controlada por el UPK (pero fuera de la zona de exclusión aérea), con quien había entrado en frecuentes combates. Dicha agrupación kurda sostenía que Ansar-al-Islam tenía lazos con Al-Qaeda y recibía apoyo de Iraq, cuyo gobierno la utilizaba para desestabilizar el enclave kurdo. Algunos informes sostenían que la agrupación también recibía armas de Irán; en agosto Salih negó que Irán estuviera involucrado. Los motivos de esta extraña "coalición" se explicaban, según estas versiones, por el interés que Iraq e Irán compartían en debilitar a los kurdos. Irán negó la acusación, sosteniendo que no había relación entre una agrupación dura sunita y el Irán shiíta. Ansar-al-Islam era responsabilizado por el UPK de los ataques con bomba que habían tenido lugar en el enclave kurdo y del intento de asesinato de Barham Salih en abril de 2002. Funcionarios norteamericanos sostenían que miembros de Ansar-al-Islam se habían entrenado en Afganistán en 1999 y 2000 y que miembros de Al-Qaeda habían huido de este país, recibiendo refugio de aquella agrupación. Ansar-al-Islam era también acusado de experimentar con armas químicas en animales. Las acusaciones hechas por el UPK eran miradas con desconfianza por los miembros más blandos de la administración estadounidense, dado el interés del UPK en utilizar la "guerra contra el terrorismo" para obtener el apoyo norteamericano y acercar a Estados Unidos a un conflicto con Bagdad. Según el UPK, el surgimiento de Jund-al-Islam se habría debido a la previsión de bin Laden de un ataque norteamericano contra Al-Qaeda en Afganistán. Con la inminencia de la guerra en Iraq, Estados Unidos estaba cada vez más interesado en establecer lazos entre Ansar-al-Islam, Al-Qaeda y el régimen iraquí, interés compartido por el UPK; éste presentaba como evidencia testimonios de prisioneros de Ansar-al-Islam, que supuestamente trabajaban para el gobierno iraquí. A principios de febrero, en la presentación norteamericana ante el Consejo de las Naciones Unidas sobre el caso de Iraq, Colin Powell se esforzó por establecer lazos entre Ansar-al-Islam, Al-Qaeda y Bagdad.
Ansar-al-Islam era un fuerte dolor de cabeza para el UPK, pero con la inminencia de la guerra contra Iraq surgió la perspectiva de que la agrupación islámica se convirtiera en un problema aún más serio, dada la posibilidad de que el UPK tuviera que combatir en dos frentes. La decisión del gobierno iraní, en septiembre, de negar la entrada al jefe de Ansar-al-Islam, Mullah Krekar -cuyo verdadero nombre se suponía era Fateh Najmeddin Faraj-, puede verse como un gesto destinado a contrarrestar las acusaciones de connivencia con dicha agrupación42, en vista de la creciente atención dirigida a la región y a la sospecha de que Irán podría ser un próximo blanco de Estados Unidos. Talabani afirmó en noviembre que Irán colaboraría con el UPK contra Ansar-al-Islam. Más tarde se supo que el UPK había solicitado a Estados Unidos ataques aéreos contra la agrupación islámica; el UPK afirmó en febrero que la administración norteamericana estaba considerando la solicitud. Durante las conversaciones que tuvieron lugar en dicho mes en Ankara se sostuvo que Estados Unidos le había prometido apoyo aéreo al UPK contra Ansar-al-Islam, que sería uno de los primeros blancos al comenzar la guerra.
Quizá crea el lector que las actividades de Ansar-al-Islam, las tropas iraquíes a pocos kilómetros del enclave kurdo, la inminencia de la guerra, la amenaza de una ocupación turca, la posibilidad de combates entre fuerzas kurdas y turcas, la existencia en la oposición iraquí de una agrupación shiíta aliada de Irán (CSRII) y la perspectiva de una carrera por apoderarse de Kirkuk y Mosul hacían de la situación en el norte de Iraq una muy embrollada. Pero aún deben considerarse dos puntos. En primer lugar, la presencia de KADEK (ex-PKK). Debe recordar el lector (dado que el asunto está mencionado en el trabajo anterior) que éste había abandonado Turquía en 1999, refugiándose en el norte de Iraq. Ante la perspectiva de una intervención turca en dicha región, KADEK advirtió a mediados de septiembre que declararía zonas de defensa y que las defendería contra cualquier ataque en caso de conflicto. En marzo dicha agrupación sostuvo que lanzaría una nueva guerra de guerrillas si Turquía intervenía en el norte de Iraq con el fin de suprimir la libertad kurda.
En segundo lugar, debe recordarse que el CSRII (una de las mayores agrupaciones shiítas de la oposición iraquí) tenía el respaldo de Irán y capacidad de combate. En marzo las milicias de esta agrupación incrementaron su presencia militar en el Kurdistán iraquí. En el mismo mes el CSRII declaró que lucharía contra Saddam Hussein independientemente de las fuerzas norteamericanas y que no necesitaba ayuda exterior. También expresó su rechazo de la instalación de un gobernador militar norteamericano mientras se preparaba un gobierno de transición. Respecto a este último punto, la misma posición era sostenida por Irán, que favorecía la realización de elecciones.
Todo lo que el lector ha leído hasta ahora (incluyendo el trabajo anterior) podría conducirle a pensar que el enclave kurdo era un oasis de democracia en medio de un desierto de tiranía. Para evitar dar esta engañosa impresión, se mencionarán aquí algunos breves puntos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de comprender la naturaleza de los gobiernos del enclave kurdo. Antes que nada, es necesario tener en claro que el carácter democrático o tiránico de un régimen es una cuestión de grados, y que un régimen puede ser más democrático que otro pero menos que un tercero. Puede considerase que éste es el caso del enclave kurdo, donde reinaba la libertad en comparación con el resto de Iraq, pero que estaba muy lejos de poder considerarse democrático.
El culto a la personalidad parecía ser un elemento que los gobiernos kurdos compartían con el régimen de Saddam Hussein. Retratos de Talabani y de Barzani podían verse en abundancia en sus respectivas zonas. Los puestos de gobierno eran ocupados por amigos o miembros de la familia. Como ejemplos pueden citarse a la esposa de Talabani, Hirow Ibrahim Ahmed, encargada de conducir un canal de televisión local; al hijo de Barzani, Masrood, a cargo de los servicios de inteligencia del PDK; al hermano de Barzani, Wajy, a cargo de una unidad de fuerzas especiales de los peshmergas. Por otro lado, la libertad de criticar al gobierno kurdo era muy limitada en ambas zonas.
También vale la pena mencionar los informes de Human Rights Watch acerca de restricción de la actividad política de agrupaciones islámicas y turcomanas, ejemplificado en el arresto arbitrario de simpatizantes de grupos islámicos, así como su detención sin juicio. Asimismo, el maltrato y los golpes a detenidos tenían lugar con frecuencia.
En este contexto, no deben malinterpretarse las declaraciones kurdas que exigían el establecimiento de un régimen democrático. Este punto será analizado en la conclusión.
Se tratarán aquí los principales aspectos relativos al conflicto kurdo durante la guerra y luego de finalizada ésta. Es importante, de aquí en más, tener en claro la forma en que se utilizará la expresión "oposición iraquí". Desde la caída del régimen de Saddam Hussein, los grupos que antes eran calificados de "oposición" han dejado de serlo -al menos en el sentido anterior-. Sin embargo, con el fin de preservar la continuidad en el uso de los términos a lo largo de este trabajo, se continuará utilizando la misma expresión para hablar de dichos grupos, sin olvidar por ello, claro está, que si bien estos grupos no son parte de un gobierno iraquí, tampoco pueden ser considerados oposición en el sentido en el que antes se hacía.
Se examinará aquí la cuestión de una posible intervención de Turquía en la guerra y la colaboración de este país con su aliado norteamericano, asunto de gran importancia para Estados Unidos y sobre el cual se continuó negociando hasta último momento.
Ante la presión norteamericana, el gobierno turco negó en marzo que hubiera planes de incursión en el norte de Iraq y que tropas turcas hubieran entrado allí. Zebari también afirmó que "ni un solo soldado turco" había entrado en el territorio del PDK. Estados Unidos reiteró su advertencia contra una intervención turca. Las negociaciones sobre el papel de las fuerzas turcas continuaron.
La perspectiva de una intervención turca fue rechazada por Reino Unido y recibida con extrema dureza por la UE, que sostuvo que tal medida complicaría la candidatura turca a dicha organización europea. Asimismo, la OTAN advirtió que Turquía podría perder la protección de los AWACS (aviones de vigilancia) si entraba en el norte de Iraq. Esto, en referencia a las tripulaciones enviadas por la OTAN para hacerse cargo de dichos aviones. La organización sostenía que una intervención turca convertiría la misión de los AWACS en una de carácter ofensivo, con lo que Bélgica y Alemania deberían retirar su personal. Turquía le aseguró a la Comisión Europea que las tropas desplegadas en la frontera estaban destinadas a fines humanitarios. Por otra parte, el Ministro de Relaciones Exteriores turco afirmó que sólo Turquía decidiría acerca del envío de tropas por razones humanitarias o para tomar medidas contra el terrorismo (en referencia a KADEK). Este país sostuvo ante la OTAN que tenía planes para crear una zona tapón de unos 20 km. para enfrentar el problema de los refugiados. A esto la organización respondió señalando que no había una oleada de refugiados.
La posibilidad de una intervención turca en Iraq fue recibida con preocupación también por Irán, asegurando éste que comprendía las preocupaciones turcas pero que no aprobaba la entrada de Turquía en Iraq.
A pesar de su previa postura de que Turquía decidiría por sí misma acerca de una intervención en el norte de Iraq, más tarde el jefe de las Fuerzas Armadas turcas, General Hilmi Özkok, afirmó que dicha intervención sería coordinada con Estados Unidos, lo que fue recibido con satisfacción por éste. La declaración turca se produjo luego de que Bush ofreciera mil millones de dólares a Turquía. Washington también aseguró a la UE que Turquía no tenía "motivos ulteriores" en el norte de Iraq. Las negociaciones entre los dos aliados no dieron fruto y Erdogan afirmó que a pesar de la presión norteamericana, el asunto del despliegue de tropas estadounidenses en Turquía ya estaba decidido y terminado. Wolfowitz declaró que Turquía había cometido un gran error.
Al avanzar los peshmergas hacia Kirkuk, el Consejo Nacional de Seguridad turco solicitó a Washington que tomara medidas que tuvieran en cuenta los intereses de Turquía, intereses que el gobierno turco estaba decidido a proteger. Erdogan sostuvo que Turquía escucharía a Estados Unidos siempre que se preservaran los intereses turcos y que en el caso de que éstos fueran amenazados Turquía actuaría sola. Un funcionario norteamericano advirtió que el gobierno turco no debía intervenir, a menos que hubiera algún motivo que lo justificara y que no pudiera ser atendido de otro modo. Mientras, las negociaciones proseguían.
Por otro lado, Nechirvan Barzani advirtió que los kurdos lucharían para mantener las tropas turcas fuera del Kurdistán. El Ministro de Relaciones Exteriores, Abdullah Gul, advirtió que los kurdos no debían provocar a Turquía.
A fines de marzo Khalilzad mantuvo conversaciones con funcionarios turcos y kurdos con el objeto de arribar a una solución para el problema de una intervención turca en el norte de Iraq. En estas conversaciones se decidió formar una comisión constituida por representantes kurdos, turcos y norteamericanos. También se decidió establecer mecanismos de "advertencia temprana" para ser utilizados en el caso de una crisis y evitar que Turquía enviara tropas. Sólo si estos mecanismos fallaran Estados Unidos permitiría la intervención turca si hubiera "suficiente justificación y no hubiera mejor alternativa." Las medidas tomadas por Turquía serían coordinadas con Estados Unidos. Las cinco razones que dispararían la intervención turca eran: combates entre grupos étnicos en la zona fronteriza; ataques terroristas contra Turquía desde el norte de Iraq; ataques contra civiles en la misma zona; cantidad masiva de refugiados dirigiéndose a la frontera turca; amenazas contra las tropas turcas ya presentes en Iraq. En cuanto a Kirkuk, las fuerzas de la coalición estarían a cargo de la seguridad allí y los kurdos estarían bajo las órdenes de las fuerzas norteamericanas.
A pesar de las negociaciones, las relaciones entre los dos aliados continuaron deteriorándose. Estados Unidos retiró sus aviones de la base de Incirlik, que Turquía no deseaba que fuera utilizada en una guerra. Los motivos de queja de este país hacían referencia al hecho de que, según funcionarios turcos, Washington había dado a Turquía por sentado y no había tenido en cuenta la dificultad de albergar 62 mil tropas norteamericanas en suelo turco en medio de una aplastante oposición a la guerra en la opinión pública turca. También manifestaban enojo ante el hecho de que Estados Unidos favorecía el establecimiento de una democracia en Iraq y al mismo tiempo se quejaba del resultado de una votación parlamentaria que rechazaba el despliegue de tropas estadounidenses.43
Mientras tanto, las negociaciones continuaban, con Khalilzad viajando entre Ankara y el norte de Iraq. A principios de abril Washington dejó en claro que el otorgamiento de asistencia financiera dependía directamente de la colaboración turca. Los puntos claves que obstaculizaban el logro de un acuerdo eran la preocupación de Turquía por el avance kurdo hacia Kirkuk y Mosul, así como su pretensión de intervenir unilateralmente si sus intereses no eran preservados, punto rechazado por Estados Unidos. Este aseguraba que los kurdos habían prometido no entrar en Kirkuk. Un punto considerado importante por Ankara era el hecho de que Estados Unidos sólo tenía tres mil tropas en el norte de Iraq, número insuficiente para tomar Kirkuk y Mosul, lo que daba lugar a la posibilidad de que los combatientes kurdos colaboraran en esta tarea. La escasa cantidad de tropas norteamericanas en el área también ponía en duda su capacidad de evitar que los kurdos entraran allí. Por el momento, Turquía decidió que permitiría a Estados Unidos trasladar medicinas, alimentos y combustible a soldados norteamericanos a través de su territorio. Esto y el ofrecimiento de los mil millones de dólares a Turquía constituyeron gestos de ambas partes para mejorar sus relaciones. Powell afirmó que Turquía jugaría un papel importante en la reconstrucción iraquí. También dijo que el dinero ofrecido a Turquía "serviría como indicación de la disposición de América a proveer apoyo para eliminar el shock del área económica."44
Cuando finalmente los peshmergas entraron en Kirkuk Gul afirmó que el Secretario de Estado norteamericano le había asegurado que Estados Unidos haría que los kurdos abandonaran Kirkuk, añadiendo que en caso de que esto no se cumpliera, Turquía tenía planes de contingencia; también enviaría observadores militares para confirmar el retiro de las fuerzas kurdas, según había sido acordado con Estados Unidos. Por otro lado, Gul advirtió que Turquía no permitiría que la demografía de Kirkuk y Mosul fuera alterada por los kurdos que, habiendo sido expulsados de estas ciudades por el régimen de Saddam Hussein, estaban ahora regresando a ellas. Turquía advirtió a las dos agrupaciones kurdas que no intentaran expandir el territorio que controlaban y que respetaran los derechos de los turcomanos; también solicitó a Estados Unidos que tropas norteamericanas reemplazaran a las kurdas para permitir la retirada de éstas. Sin embargo, Turquía no reaccionó ante un hecho que había establecido como una "línea roja" que dispararía una inmediata acción militar turca. Justificaba esta falta de reacción argumentando que Estados Unidos le había prometido que evitaría que Kirkuk y Mosul cayeran bajo control kurdo. Como nota de interés, vale la pena señalar que la política turca en este punto fue duramente criticada en los medios turcos.45
Para entender la decisión final turca es necesario tener en cuenta el resultado de las elecciones (anticipadas) del 3 de noviembre de 2002, la conformación del parlamento como consecuencia de dichas elecciones y la relación del mismo con los militares turcos. En un evento extraordinariamente inusual, un solo partido ganó amplia mayoría en el parlamento, con lo que no fue necesaria la formación de un gobierno de coalición (que es lo normal en Turquía). El partido ganador fue el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AK), un partido islámico moderado formado en 2001 a partir de otro partido islámico que, habiendo ganado las elecciones parlamentarias en 1995, fue derrocado por los militares en 1997 (los militares han derrocado cuatro gobiernos desde 1960). El AK se oponía a la guerra en Iraq y era sensible a la opinión pública turca, cuya oposición a la acción armada contra el vecino del sur ya ha sido mencionada. Los militares, institucionalmente presentes en el sistema político turco a través del Consejo Nacional de Seguridad, apoyaban la colaboración con Estados Unidos. Por otra parte, el AK mismo estaba divido en esta cuestión. Cuando la moción presentada por el gabinete turco para otorgar a Washington la ayuda que necesitaba fue sometida a la consideración del parlamento, más de 100 miembros del AK votaron contra ella. Inmediatamente después, los militares presionaron al parlamento para votar nuevamente, votación que finalmente no tuvo lugar.46
Al hablarse de un "frente norte" no debe creerse que un verdadero frente de guerra fue abierto aquí con el objeto de avanzar sobre Bagdad. Dada la falta de colaboración turca, esto no era posible. En cambio, la actividad militar norteamericana en el norte tenía como objetivos principales evitar conflictos entre kurdos y turcos y asegurar el control estadounidense de Kirkuk y Mosul. Por su parte, los kurdos se proponían quedar en la mejor posición de fuerza posible para asegurar sus intereses en el nuevo Iraq. El frente norte tenía un perfil bajo y la mayor parte del combate era aéreo. Esto motivó las quejas de grupos de la oposición iraquí, que deseaban un rol más activo en la guerra.
Un papel importante para las operaciones en este frente tuvieron los aeropuertos ubicados en el enclave kurdo, cuya preparación había estado teniendo lugar en los meses previos a la guerra. A través de ellos fuerzas norteamericanas fueron desplegadas en la zona. Como era de esperarse, Ansar-al-Islam fue el blanco de los peshmergas del UPK y de ataques aéreos. Ansar-al-Islam fue eliminado del norte de Iraq. Según algunos informes47, Irán cerró su frontera a los miembros kurdos de Ansar, pero aparentemente los árabes se habrían refugiado en este país. Fuertes bombardeos se realizaron también sobre Kirkuk y Mosul. A fines de marzo, los peshmergas avanzaban cada vez más hacia ambas ciudades. A principios de abril las fuerzas iraquíes retrocedían mientras los peshmergas avanzaban en medio de los ataques aéreos. Poco después de la caída de la capital del país, fuerzas kurdas y norteamericanas entraron en Kirkuk (donde entró el UPK) y Mosul (donde entró el PDK), al tiempo que líderes de ambas agrupaciones aseguraban a Turquía que Kirkuk y Mosul no serían incluidas en la autonomía kurda y que los peshmergas abandonarían estas ciudades luego de que fueran aseguradas. Turquía envió observadores militares al norte de Iraq.
La entrada en Kirkuk y Mosul -esta última de mayoría árabe, aunque con una importante minoría kurda- fue seguida por el caos y la violencia interétnica (a veces de carácter fatal) con kurdos regresando para reclamar propiedades y saqueos por doquier. Es interesante destacar que, mientras los kurdos en Suleimaniya celebraron con estruendoso júbilo la caída de Bagdad, en Mosul los árabes recibieron con gran frialdad a las tropas norteamericanas. Un médico en esta ciudad decía: "Tengo un mensaje para los norteamericanos: los culpo de todo lo que ocurrió. Ellos están en el origen de esta situación. Ellos empujaron a los peshmergas a causar todo este daño. Ellos quieren invadirnos, no liberarnos."48 En Kirkuk el desorden cedió antes que en Mosul.
Al comenzar abril, Barzani reiteró principios que ya había dado a conocer antes: la oposición iraquí se oponía a un gobierno militar en Iraq; el gobierno iraquí debía ser nombrado por iraquíes; los kurdos no tomarían Kirkuk, aunque esta ciudad era kurda y el problema debería resolverse, aunque gradualmente; Iraq debía tener un gobierno democrático federal con participación kurda "justa y efectiva" y fondos para las zonas kurdas. También señaló que los kurdos deseaban añadir a Kurdistán las zonas de Mosul con mayoría kurda. Asimismo, se quejó de que los peshmergas no tuvieran un rol más activo en la guerra.
Luego de la caída de Kirkuk, Barzani lanzó una contundente advertencia a Turquía, afirmando que Kirkuk estaba en territorio del Kurdistán y que era una ciudad kurda. Sostuvo que Turquía no debía entrar en ella o en el Kurdistán del sur, señalando que de hacerlo habría más inestabilidad en la región, lo que amenazaría a los turcomanos. Sin embargo, aseguró que el petróleo de Kirkuk sería administrado por el gobierno central del país y que a pesar de la identidad kurda de la ciudad, punto innegociable según él, Kirkuk era para todo el pueblo iraquí.
Por otro lado, temiendo que el UPK consolidara su presencia en Kirkuk y que el PDK fuera dejado de lado en esta ciudad, Barzani acusó al UPK de violar un acuerdo con Estados Unidos por el que sólo una pequeña fuerza de peshmergas entraría en Kirkuk.
En cuanto a la realidad post-Saddam, el vocero del parlamento kurdo, Rozh Nuri Shaweess, del PDK, declaró que Estados Unidos debía estar a cargo de la reconstrucción de Iraq durante la administración norteamericana de transición. Afirmó que no debían ser las Naciones Unidas quienes manejaran la reconstrucción. A fines de abril el jefe de asuntos militares del PDK, Brusik Nuri Shawais, declaró que las fuerzas de la coalición deberían abandonar Iraq luego de un período de transición de aproximadamente un año, pero que luego de eso Estados Unidos podría tener bases militares en el país. Justificó esta declaración afirmando que sería necesaria una alianza fuerte con Estados Unidos, dado que Iraq ya no tenía un ejército y se necesitaría la ayuda norteamericana para crear una fuerza unida. Reiteró el deseo de un Iraq federal, democrático y multipartidista, donde hubiera amplia autonomía para los kurdos. Por otro lado, rechazó las pretensiones shiítas de establecer un régimen teocrático basado en la ley islámica.
A principios de mayo Barzani acusó a Rusia de apoyar al régimen iraquí y sugirió que la deuda que Iraq tenía con este país no sería pagada. También afirmó que los peshmergas se unirían al ejército iraquí y no dejó de señalar que Kirkuk era una ciudad kurda así como una parte de Iraq. Negó nuevamente que se planeara la creación de un estado kurdo independiente, expresando su apoyo por una solución federal. Por otra parte, aseguró que Turquía sería apoyada en su participación en la reestructuración de Iraq.
A mediados de abril Talabani mantuvo que el destino del pueblo iraquí sería decidido por los iraquíes y que no era necesaria la intervención de países vecinos. Añadió que los kurdos, turcomanos, árabes y asirios vivían pacíficamente en Kirkuk y que los programas administrativos y políticos de esta ciudad debían ser llevados a cabo por sus habitantes. A fines de abril, cuando el gobierno municipal de Kirkuk parecía estar en manos del UPK, Talabani invitó a Turquía a enviar observadores y periodistas a esta ciudad para que se entrevistaran con líderes turcomanos.
Por otro lado, Talabani declaró, en referencia al status kurdo dentro de Iraq: "En este momento, queremos manejarnos dentro del marco de Iraq," pero añadió: "Creemos que el pueblo kurdo, como otros pueblos del mundo, tienen derecho a la autodeterminación."49 Por otro lado, llamó a la re